Desde Bayamo, Cuba, sobre Sindo Garay

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Segunda Época | Mes ABRIL/2017 | Año 3 | No. 25

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Sindo Garay, su presencia en Bayamo

Yolanda Aguilera Iglesias

Mujer Bayamesa (1918)

Sindo Garay

Santiaguero amante de Bayamo

Mónica María Ramírez Aguilar

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Sindo Garay, su presencia en Bayamo

Yolanda Aguilera Iglesias

El 12 de abril de 1817 nació en Santiago de Cuba, el maestro Antonio Gumersindo Garay y García. En su casa nunca faltó la música, y sin una formación musical se convirtió en un excelso músico cubano. Sumido en franco analfabetismo musical, logró secuencias armónicas y melodías que impresionaron a más de un estudioso.
Con solo diez años compuso “Quiéreme trigueña”, siendo esta su primera creación musical. Pepe Sánchez era uno más en la casa de los Garay, “Pepe fue un gran cantador y cubanizó la canción. Tiene que figurar como precursor de la trova cubana. Él fue el único maestro que tuve en mi vida. ¡Lo digo yo: Sindo Garay!”. Aunque también a Sindo le fue dado el privilegio de conocer a Martí.
A los 16 llegaría la primera guitarra, regalada por su hermano. Con esa misma edad comenzaría a auto alfabetizarse al no poder contestar una carta de amor a una muchacha. Sobre su vida vale decir que Sindo aprendió toda suerte de acrobacias circenses y que más de una vez se ganó el sustento con ese trabajo.
Por otro lado jamás aprendió una nota musical, sin embargo sus obras han sido consideradas por prestigiosos como lecciones de armonía y composición. Recibió y recibe numerosos elogios por su increíble capacidad como creador. En broma, el trovador decía que su nombre era muestra de su ignorancia musical: Sin- Do, y que sin Do componía. Como ha demostrado la historia realmente no le hizo mucha falta saber.
No por casualidad, Antonio Gumersindo Garay García fuera bautizado por Federico García Lorca como “El Gran Faraón de Cuba”.
Su larga vida de 101 años estuvo siempre matizada por el sonar incansable de guitarras y cantores que, en su natal Santiago, y ya desde la cuna, alegraban la “pobrísima” suerte de una familia de artistas.
Gracias a su obra tenemos un escalón más desde el cual seguir inventando melodías, una luz que no deja arder en muchos ojos. Y desde entonces, cada vez que suena una guitarra con poesía entre sus cuerdas, alguna pícara sonrisa de trovador se enciende tras del aire y se da un trago a la salud de la trova.
Sin la vanidosa pretensión de realizar una obra completa sobre el tema, nos proponemos dar un acercamiento a su estancia en Bayamo, para una historia de vida.
En una narración que hizo para el libro Sindo Garay: Memorias de un trovador de Carmela de León, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2002, nos dice Sindo:
“Andaba por Bayamo allá por el año 1918, con mi hijo Guarionex, como siempre, y con mi inseparable guitarra. Por aquel entonces, vivía en Bayamo un gran amante de la trova, el bayamés Eleusipo Rodríguez, que daba alojamiento a cuanto cantador le cogía el amanecer en el serenateo, y mucho más si este estaba bruja. Eleusipo era un buen amigo, y en todas las ocasiones que yo visitaba Bayamo por aquellos tiempos, allá me iba a compartir el trago y las canciones. La noche antes de ocurrírseme “La mujer bayamesa” recuerdo que un grupo de cantores habíamos andado regalando serenatas a las muchachas bayamesas”.
Siendo hombre de pueblo, que tuvo grandes pasiones: la música trovadoresca, la patria y la familia;  unió otra más, el amor por Bayamo y sus moradores.

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Mujer Bayamesa (1918)

Sindo Garay

Lleva en su alma la bayamesa
tristes recuerdos de tradiciones
cuando contempla sus verdes llanos
lágrimas vierte por sus pasiones.

Ella es sensible, le brinda al hombre
virtudes todas y el corazón
pero si siente de la Patria el grito,
todo lo deja, todo lo quema,
ese es su lema, su religión.

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Santiaguero amante de Bayamo

Mónica María Ramírez Aguilar

¿Por qué este músico quiso que sus restos reposaran en la ciudad Monumento Nacional? ¿Por qué descansar en un Bayamo colmado de historia y tradiciones cuando había nacido en la tierra catalogada como la Cuna del Son?
Tal vez La bayamesa, cantada por su madre al acunarlo, sea una clave para conocer la respuesta. Pero pudieron ser sus visitas a esa ciudad gloriosa, donde se inició el sentir por la independencia de un país y el amor por ser cubanos, lo que atrapó su atención.
A Sindo Garay no lo tomó en sus manos aquella maldición de no regresar a la Ciudad de los Coches, sino que volvió varias veces, se enamoró de sus mujeres, fue homenajeado, aplaudido y admirado por su carisma e interpretación musical.
En Bayamo hizo amigos, compuso y hoy la ciudad lo valora y se hacen festivales con su nombre que tratan de enaltecer la obra del artista y se convierten en un espacio para jóvenes músicos.
Según cuenta uno de sus relatos en la casa de un amigo bayamés “iban los amantes de la música, sobre todo de la trova. Por la noche nos reuníamos y casi siempre nos cogía el amanecer cantando”.
Al parecer la vida nocturna que tuvo en la ciudad llamó su atención y también la facilidad con que se reunían los trovadores y cantaban sin importar hora o lugar, solo rodeados de la magia de la armonía salida de sus guitarras.
Sindo Garay era trovador, de esos que llaman buenos y abundan poco, por ello muchas personas lo deseaban conocer y así, en julio de 1968, es invitado al festival de la trova en Santiago de Cuba. Sin embargo, narra Enrique Milanés León en ¡Sindo…caray!, que murió el 17 de ese mismo mes y año en La Habana, “pero no faltó a su cita: a Santiago se fue muerto, y de allí pasó a Bayamo. Su sepelio fue una serenata con mucho cigarro y café, mucho ron y mucha trova. Indecisos entre cantar o llorar, lo que sí sabían los presentes era que el gran pequeño, en un dúo con La Pálida, les había jugado otra buena sindada”.
Ahora reposa, cuando no hay alguien que le lleve una flor como pretexto para conversar, o un grupo que desee cantarle o turistas ávidos de saber quién fue Sindo.
Su tumba es rectangular, como casi todas las construidas en la Necrópolis de Bayamo. Se ubica en el ala izquierda del cementerio, al entrar, y está casi al final de la primera fila. Un señor se ocupa de ella, con la misma dedicación que las demás, pero con ojos siempre abiertos para que nadie le haga daño.
Encima del sepulcro, construido de mármol gris, reposa una tarja que dice: Sindo Garay 12- 4- 1867; 17-7-1968. De los bayameses a quien fuera máxima figura de la trova cubana. CNC REG. Marzo-72. Justo en su cabecera se encuentra una guitarra y escrita su canción Mujer Bayamesa.
Con el deseo cumplido, permanece eternamente en la Cuna de la Nacionalidad Cubana; quizás para salir a cantar de vez en cuando frente a ventana de Luz Vázquez o como bohemio por la calles, hasta el amanecer. Tal vez, los que tengan suerte escucharán en la madruga melodías de  La tarde, Perla marina, Rendido o Tardes grises, y sabrán, alegres por disfrutar cada canción, que es Sindo.

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Boletín Acento . Oficina del Historiador
Bayamo M.N., Cuba. 2017
Estos textos pueden ser reproducidos libremente (siempre que sea con fines no comerciales) y se cite la fuente.

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