Texto para leer en voz alta

 

(por Mateo Rus)

quisiera escribir raudales de apretadas letras ahora que murió Lezama, de tal forma que de la cola garrapateada de la “a” se desprenda una línea sagaz hacia un futuro sólo hecho de ritmo; y en el tráfico arterial de la city se respire un caudal de acentos, igual que sucede en cuestión de aromas o trozos de sintaxis que muestran a las claras un giro y torzón en la bitácora programada antes. Esta vez mi paleta será de tonos ocres, como si Orozco contemplara sin gafas la barranca de Oblatos o desde la azotea más alta de Guanatos.

(¡cómo le hacía falta salirse de sí mismo para verse objetivado! Y era como si su único soporte en la vida, su única guía, fuera su voz indecisa acerca de su propia consistencia, de su propia posibilidad de ser desde la víspera, antes de insinuarse siquiera como un hálito que está por saber si se hará o no astillas en su sueño por decir “pío”).

Enviado por Mario Rivera Guzmán

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