Cuba: Vida de jinetera

 Vita da jinetera. Alejandro Torreguitart Ruiz. Con la colaboración de Amnesty International. Traducción del español (Cuba) Gordiano Lupi. Portada de Oscar Celestini. 133 páginas. Literatura cubana contemporánea. Directores : Gordiano Lupi y William Navarrete. Edizione Il Foglio.  Via Boccioni, 28. Piombino. Italia. ISBN: 88-7606-069-3

Vita da jinetera. Alejandro Torreguitart Ruiz. Con la colaboración de Amnesty International. Traducción del español (Cuba) Gordiano Lupi. Portada de Oscar Celestini. 133 páginas. Literatura cubana contemporánea. Directores : Gordiano Lupi y William Navarrete. Edizione Il Foglio. Via Boccioni, 28. Piombino. Italia. ISBN: 88-7606-069-3

París, 25 de julio de 2015.

Querida Ofelia,

Creo que las grandes familias cubanas y extranjeras que construyeron sus espléndidas mansiones en el Biltmore, nunca hubieran imaginado que aquel exclusivo barrio habanero se convertiría en guarida para la familia de los Castros y su oligarquía roja. Pero si a los expoliados burgueses que fabricaron las bellas mansiones de Miramar, El Vedado y Nuevo Vedado, les hubieran dicho que aquellos “compañeros” que les quitaron sus casas, convertirían a muchas de ellas en “Casas Particulares”, es decir: ¡en prostíbulos!, de seguro no lo habrían creído.

Basta leer las confesiones de Juliana a su amigo Alejandro, para que éste escriba la vida de una jinetera habanera. Se trata de la infinitamente triste vida de esa niña cuyo padre enfermo de cáncer, se suicidó en el baño de su hogar. Esa misma noche fue hospedada por su tía Teresa, cuyo marido aprovechó para violarla. Con sólo trece años, fue a parar a un barrio de chabolas en el pueblo de Cabañas, con su madre. Pocos meses después nació su hijo. Su adolescencia fue sencillamente dramática.

Paco y Pablo, sus hermanos por parte de padre, logran llegar a la Florida en una balsa y se instalan en Miami.

Juliana declara al joven escritor: “me hace reír Fidel cuando dice que Cuba en la época de Batista era el prostíbulo del Caribe. Ahora se ha convertido en el del mundo. Hemos agrandado las fronteras”.

La boda con el joven cubano José Luis la llevó al purgatorio de los golpes cotidianos, la droga y la prostitución, pero no sabía que al liberarse de su marido le esperaba el infierno.

Para poder encontrar un alojamiento en La Habana, hay que pagar en dólares a los funcionarios de la Reforma Urbana, a la policía, a los del C.D.R. y a mucha gente más. Para poder vestirse y comer, para que su madre y su hijo no pasaran hambre también hacían falta dólares y el único camino era el convertirse al igual que tantas miles de chicas en jinetera.

Hay páginas que son muy difíciles de leer, pues el sadismo de algunos extranjeros, las violaciones por parte de los policías y los fantasmas sexuales de los alemanes, con la utilización de animales, se vuelven insoportables.

El autor supo llevar al lector el horror de la vida cotidiana de estas chicas que se prostituyen para poder sobrevivir y que cualquiera (cubanos o extranjeros) puede hacerles las peores humillaciones imaginables, pues si ellas fueran a denunciarlos a la policía, quedarían presas y serían internadas en “campos de reeducación”. Por lo tanto todos se sirven de ellas impunemente.

Después de haber sido violada de nuevo junto a su amiga María, la chica dice a Alejandro: “según el Granma, La Habana es la capital con menos violencia de América Latina. Quisiera vivir en un mundo donde pueda tener un trabajo normal y estar tranquila con mi familia”.

La única esperanza es encontrar a un extranjero, no importa qué edad tenga, para casarse con él, e ir a vivir a otro país. Escapar así de la miseria material y moral del jineterismo y poder ayudar a la familia que queda en Cuba. Pero no siempre todo sale bien. A veces las quieren convertir en prostitutas en el extranjero. Otras veces son maridos violentos. Otros no quieren ayudar a la familia que quedó en Cuba. A todo se une la nostalgia, el mal vivir lejos de su tierra, su cielo, su sol, su idioma y sus códigos culturales.

Los dólares o euros que ganan las jineteras (“100 dólares por una noche y hago contigo lo que quieras”) y lo que ganan las familias “compañeras” dueñas de las Casas Particulares otorgadas por la “gloriosa” revolución (30 dólares por habitación por cada noche), van a parar a las cajas de los supermercados y tiendas del régimen proxeneta. Esas familias tienen una autorización legal del Estado, al cual le pagan un % de sus ingresos para ser autorizadas a poseer un prostíbulo. ¡Quién lo hubiera imaginado!

¡El turismo sexual navega a toda vela! La carne fresca que buscan los europeos es abundante en el país que era conocido como la Perla de Las Antillas, antes de convertirse en La Isla del Dr. Castro.

Al ser autobiográfico, algunos de los personajes de este libro aparecen en los otros tres que he leído de Torreguitart. Este chico promete como escritor.

Cuando terminé de leerlo, debo confesar que me sentí mal, triste por el drama que viven tantas jóvenes cubanas. La próxima vez que vea a alguna de esas chicas por: París, Madrid, Barcelona, Milán, Nápoles o Roma, junto a un viejo asqueroso español, francés o italiano, las miraré diferentemente, pues he logrado comprender el drama que han vivido.

Para la madre de Juliana, la única esperanza que existe para salvar a su hija y a su nieto, es la de ganarse el “bombo” y poder llegar a la Tierra Prometida: ¡Miami! Y…

El Epílogo del libro fue escrito por el Señor Riccardo Noury, portavoz en Italia de Amnesty International. Su título es: “Para terminar en la cárcel en Cuba, basta con no estar de acuerdo con las autoridades”.

Te envío un gran abrazo desde esta Vieja Europa, te quiere siempre,

Félix José Hernández.

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