La casa de Elsa Triolet y Louis Aragón

La casa de Elsa  Triolet y Louis Aragón.

La casa de Elsa Triolet y Louis Aragón.

Saint-Arnoult-en-Yvelines, 27 de septiembre de 2014.

Querida Ofelia :

“Hay casas a las que se entra con precaución, tanta es la impresión que nos produce cuando empujamos la puerta, de que forzamos la intimidad de los que continúan viviendo allí a través de las huellas que dejaron en ella. Es el caso del Molino de Villeneuve, que forma parte de esos lugares un poco mágicos, donde se espera ver a los dueños de los lugares guiarte ellos mismos por los meandros de un trayecto iniciático que se elaboró al ritmo de una aventura extraordinaria.” François Vicaire

Hay casas que son para vivir como las de Ernest Hemingway en Key West o en La Habana; otras son para mostrar la riqueza del propietario como La Villa Vizcaya en Miami o la de Flagler en West Palm Beach. A ésta última sólo le falta un anuncio lumínico bien grande sobre el techo que anuncie: “Miren como tengo dinero”. Algo al estilo de Tony Montana en el filme Scarface.

La casa que acabamos de visitar donde vivieron los grandes escritores Elsa Triolet y Louis Aragón es maravillosa. Está rodeada por un gran jardín, ideado por Elsa, un prado y un bosque –donde se encuentra hogaño la tumba de ambos-. Es un ejemplo de buen gusto.

Con un poco de imaginación, se puede reconstruir en ese vasto volumen de la gran sala, la fábrica antigua de los molineros de Villeneuve. La jaula de la rueda sigue recibiendo el salto de agua, aunque la rueda desapareció desde hace tiempo. A Aragón le encantaba abrir la compuerta y liberar las aguas en la gran jaula para el asombro de los visitantes que contemplaban la cascada detrás del cristal de la ventana interior. Hay que imaginar los engranajes, las piedras de afilar, las tolvas del molino, el polvo blanco de la harina, las poleas, evocar la rodadura de los enganches sobre el pavimento del patio, el va y viene de los hombres cargados de sacos, etc.

El gusto refinado de Elsa supo convertir el molino en un lugar perfecto. La mesa inmensa y sus dos bancos acogieron a innumerables amigos, como lo demuestran con fervor en sus escritos François Nourrisier, Edmonde Charles-Roux o Colette Seghers. Las altas bibliotecas que visten las paredes fueron instaladas por ambos escritores. En ellas se encuentran las colecciones en lenguas extranjeras (alemana – española-italiana e inglesa) y los libros de arte. La biblioteca al lado del piano contiene los libros de la infancia de Aragón.

¡La casa posee más de treinta mil libros!

Los muebles de la gran sala son originales. Aconsejada por el anticuario Delbée, Elsa recurrió a cesterías del Extremo Oriente, que se encuentran al lado de dos mesas de carnicero. Elsa lanzó su decoración como moda en los años cincuenta.

Aragón encendía, en invierno, un gran fuego en la chimenea. Elsa se envolvía en su gran mantón, cruzaba las manos bajo su mentón y comenzaban entonces aquellos intercambios preciosos, de los cuales los amigos conservan en su memoria bellos recuerdos. También recuerdan los momentos de impaciencia de Elsa, irritada por el caminar incesante, a lo largo y ancho de la sala, de Louis.

Al llegar para pasar el fin de semana, Aragón aportaba pilas de libros que a menudo colocaba sin orden donde había espacio, con la perspectiva de hacer una clasificación alfabética que jamás llegó a establecer verdaderamente, pues se consideraba sumergido por “la marea de papel”. Cuando llegaba al molino, durante la mala temporada, Aragón se instalaba en zapatillas y chaqueta en su vieja butaca de cuero usado y marchito de su despacho y se ponía a leer o a escribir. Ernest ya había encendido el fuego en la chimenea. Fue en aquella atmósfera serena y cálida, a la luz de la lámpara escritorio, donde fueron escritas algunas de las páginas más famosas de Aragón: ensayos y artículos para Les Lettres françaises, los poemas de Yeux et la Mémoire, Roman inachevé, Chambres, novelas como La Semaine sainte o Henri Matisse roman.

En su oficina, Aragón estaba rodeado de objetos familiares, de recuerdos traídos de viajes, regalos ingenuos como una caja de música rusa que evoca la puesta en órbita del primer sputnik o más prestigiosos como la litografía sobre la chimenea dedicada por Picasso.

Martine, Blanche, Nathalie, Régis y Madeleine Lalande, son algunos de los tantos personajes de Elsa Triolet, que tuvieron origen en el escritorio portador de todos los signos de una presencia de la escritora, apenas detenida por el tiempo. Trabajó en el escritorio hasta que en su última noche bajó al parque y regresó a la casa donde el Ruiseñor se calló al amanecer. Al entrar al cuarto, uno es atrapado por la personalidad de Elsa, la que organizó la naturaleza alrededor de su casa y la disposición de los objetos en todas las habitaciones. La butaca de descanso sigue cerca de la ventana, allí están los libros que quedaron sobre el escritorio desde el 16 de junio de 1970. Todo aquí evoca a Elsa que sueña, escribiendo, Elsa en su casa, en lo más íntimo de la vida.

Las paredes azules de la oficina confirman la pertenencia de Elsa a la cultura rusa. La traductora en Francia del teatro de Chéjov, de textos de Gogol o de los poemas de Maïakovsky dispuso, sobre la pared de derecha, una serie de iconos. Junto a ellas hay una imagen popular rusa que representan a dos campesinos rusos que ofrecen a un francés en uniforme napoleónico una elección sin ambigüedad:”si vienes como amigo, he aquí el pan y la sal; si vienes como enemigo, he aquí la horca.”

La pared de izquierda privilegia un cierto número de imágenes o de fotografías que subrayan los momentos fuertes de una biografía: Tahití dónde Elsa vivió un año con su primer marido, André Triolet, Aviñón, “la ciudad de Elsa” cuyo plan antiguo se acompaña del poema autógrafo de Aragón, y siempre Rusia en una madera con un grabado popular,Maïakovsky…

Es en el dormitorio, en esa cama, donde fue fulminada por un ataque cardíaco. Elsa se apagó en los brazos de Aragón. Todo allí lleva profundamente su marca. El camafeo azul evoca discretamente los tonos pastel de Rusia. Sobre la coqueta, al lado de los cristales azules, se pueden observar ver las pelotas con alfileres de origen ruso, en forma de pequeños caballos. En las paredes, hay dibujos de Fougeron, una vista antigua de Moscú y un cuadro del pintor argentino Berni.

Situado en el corazón del valle de Rémarde, la finca del Molino de Villeneuve nos lleva a la intimidad de Elsa Triolet y de Aragón. Este molino bello y extraordinariamente romántico fue el decorado y la fuente de inspiración de los escritos de la pareja. Un paseo, a través de los prados y el bosque, le permite al visitante descubrir o redescubrir a dos grandes figuras literarias. Las malezas de la atmósfera húmeda, crepuscular, y los prados deslumbrantes por su desnudez se bordean. La autenticidad del parque es reforzada por la presencia de una vegetación espontánea. Los sauces, cedros, juncos, iris de los pantanos o incluso la menta y el myosothis de agua, se adaptan perfectamente a la humedad de los lugares. Este jardín invita a un agradable paseo campestre.

Fue entre dos hayas de Villeneuve, hoy caídas, donde Elsa deseó ser inhumada, allí donde el Parque del Molino deja descubrir todos sus encantos. Aragón la acompañará, doce años más tarde, en 1982. Su casa, su patio de lozas, su río, sus sauces, su gran prado y su bosque, conectados por pasarelas, esperan ser descubiertos por muchos que aún no conocen este magnífico lugar. En 2003, los accesos de la tumba fueron habilitados para crear un marco de verdor alrededor de ella. Los arbustos se mezclan con las camelias, lo que nos recuerda esta romántica historia de amor que continúa por medio de sus obras que se cruzan.

« El 12 de diciembre de 1970, poco después de la seis de la tarde, Mstislav Rostropovitch interpretó para Elsa Triolet la Zarabanda de Bach, en presencia de cuatro personas en Saint Arnoult-en-Yvelines, bajo las hayas de Villeneuve, frente a un gran lecho para dos personas, donde se me espera». Louis Aragón

Estoy seguro de que te hubiera gustado tanto visitar esta espléndida casa y sus jardines.

Un gran abrazo desde la Dulce Francia,

Félix José Hernández.

Maison Triolet-Aragon. Moulin de Villeneuve.78730 Saint-Arnoult en-Yvelines. Tél. 01 30 41 20 15.

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