FOTOS & LIBROS. ESPAÑA 1905-1977

Madrid. Barcelona: Ediciones del Comissariat de Propaganda de la  Generalitat de Catalunya, 1937. 300X235 mm, 96 páginas, 100 fotografías, 3 fotomontajes.

Madrid. Barcelona: Ediciones del Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya, 1937. 300X235 mm, 96 páginas, 100 fotografías, 3 fotomontajes.

Madrid, 29 de mayo de 2014.

Querida Ofelia:

Organizada por el Museo Reina Sofía y Acción Cultural Española (AC/E), Fotos & libros. España 1905-1977 supone una revisión de la historia de la fotografía española, desde principios del siglo XX hasta mediados de los setenta, a través de sus mejores fotolibros. La exposición, que coincide con la celebración de PHotoEspaña 2014, permite, por sus diversas temáticas, una segunda lectura histórica: la profunda transformación de la sociedad española durante el siglo XX; y, en particular, aspectos como la evolución de la imagen de la mujer o del medio rural, las visiones de ambos bandos durante la Guerra Civil o la muerte de Franco y la transición democrática.

A través de una selección de alrededor de treinta conjuntos fotográficos pertenecientes a la Colección del Museo —la mayoría son adquisiciones realizadas en los últimos tres años—, muchos de ellos poco conocidos, la muestra ofrece una nueva perspectiva de la fotografía española a través de la obra de fotógrafos de la talla de José Ortiz Echagüe, Alfonso, Francesc Català-Roca, Robert Capa, Ramón Masats, Xavier Miserachs, Joan Colom, Francisco Ontañón o Colita.

Además de algunos de sus trabajos, Fotos & libros. España 1905-1977 reúne también las fotografías de un buen número de autores de primera fila poco menos que inéditos, a pesar de haber publicado en su momento espléndidos conjuntos fotográficos; es el caso de Antonio Cánovas, el colectivo Misiones Pedagógicas, José Compte, Enrique Palazuelo, Luis Acosta Moro o Salvador Costa.

Un fotolibro es una publicación compuesta por fotografías ordenadas como conjuntos de imágenes con argumentos y significados complejos. De hecho, en esta práctica artística, las imágenes se presentan en series dado que la importancia reside en el conjunto y no en cada una de sus partes. Este aspecto se ha tenido muy en cuenta en la organización de esta exposición, de forma que, además de reunir ejemplares de fotolibros españoles, dispone de sistemas que permiten contemplar el contenido plural de los trabajos presentados.

El fotolibro es el medio utilizado por algunos de los principales fotógrafos para producir sus mejores obras, un modelo de eficacia comprobada para presentar, comunicar y leer fotos cada vez más reconocido como el mejor medio para presentar conjuntos fotográficos. Desde su origen, la edición de fotolibros en España ha sido intensa, pero apenas analizada, por lo que se precisaba iniciar una investigación con el fin de catalogarlos, estudiarlos y formar una colección de referencia. Esta muestra es el resultado de una primera línea de investigación desarrollada durante varios años por el Museo Reina Sofía al respecto y quien ha formado una colección especializada única en su género.

Fotos & libros. España 1905-1977 se divide en cinco secciones cronológicas, entre las que destacan la relativa a la Guerra Civil y la dedicada a la época dorada de la fotografía española: la década de los años sesenta. En España los primeros fotolibros de importancia se crearon a principios del siglo XX. La exposición comienza con tres de estos fotolibros, editados antes de 1936, entre los que destaca el más antiguo de todos ellos: ¡Quién supiera escribir!… (1905), la adaptación fotográfica de un poema de Ramón de Campoamor publicada como una serie de postales y un fotolibro. La secuencia de imágenes, realizada por Antonio Cánovas, es una recreación con actores y escenografía teatral, “un conjunto de cuadros vivos subtitulados como el cine, que en 1905 es todavía tan nuevo como el fotolibro”, comenta el comisario. Esta estrecha relación entre literatura y fotografía va a ser una constante en la historia de los fotolibros españoles y es uno de los temas destacados dentro de la muestra que se repiten a lo largo del recorrido.

Los fotolibros tienen la dualidad característica de la fotografía, en la que la forma y el contenido poseen igual relevancia. En concreto, la temática de esta obra marca otro de los discursos recurrentes en la exposición: “El poema, muy famoso a principios del siglo XX, trata de la dependencia de la mujer, dominada hasta en la expresión de sus sentimientos por una cultura patriarcal”, analiza Horacio Fernández. A lo largo de la exposición, esta representación de la mujer y su condición social evoluciona desde la sumisión a la cultura patriarcal, como en este trabajo de Cánovas, hasta la visión del feminismo militante creciente durante los años setenta. En esta misma sala arranca una tercera lectura de la exposición, la imagen del medio rural y sus habitantes, vista en estos comienzos de siglo XX desde dos ángulos completamente distintos: la mirada al pasado de José Ortiz Echagüe y las publicaciones progresistas desarrolladas por Misiones Pedagógicas.

En el primero de ellos, José Ortiz Echagüe documenta la vida popular durante los años veinte buscando la tradición en Spanische Köpfe (Tipos y trajes de España), uno de los libros fotográficos españoles de mayor difusión, editado doce veces a partir de 1929.

Las ambiciones de esta enorme obra se encuentran entre la antropología y el arte fotográfico. “Paseando por los pueblos, selecciono los modelos y me enfrento a la difícil tarea de vestirlos con el traje típico”, escribió el artista al hablar de su forma de trabajar durante esos años. Porque, aunque su propósito es documental, no le importa recurrir a la puesta en escena, aunque fuera de un estudio, sin decorado ni modelos profesionales. “Su objetivo es el registro de modos de vida en extinción por medio de tipos raciales y trajes típicos –comenta el comisario-. Una representación material de hechos culturales e históricos que, al final, resultan en fotografías más bien estéticas, cercanas a la pintura de Sorolla o Zuloaga, aunque también políticas, ya que visualizan ideas (pueblo, raza, identidad colectiva…) utilizadas por distintas ideologías”.

Por su parte, Misiones Pedagógicas es un proyecto colectivo de la II República cuyo objetivo es acercar lo urbano al mundo rural a través de la cultura. Los ‘misioneros’ son universitarios que llevan a los pueblos el teatro, la música, el arte y el cine. Una parte de ellos, como José Val del Omar o Guillermo Fernández, fotografían los actos y a su público, los aldeanos. Este trabajo de documentación fotográfica, reunido en el fotolibro Patronato de Misiones Pedagógicas, está enfocado al servicio de la causa, tanto política como humanitaria, con el objetivo de difundir valores democráticos y confianza en el progreso. Por eso, las fotografías, reunidas en diversos libros, carecen de cualquier tipismo. En lugar de buscar imágenes del pasado, se trata de sugerir el futuro, representado por los rostros atentos y las miradas curiosas de la gente.

Con la llegada de la Guerra Civil, la producción de fotolibros es amplia y variada, aunque los más comunes están dedicados a la propaganda. La selección de publicaciones escogida para la exposición reúne, entre otros, ejemplos de libros editados por ambos bandos donde se refleja una guerra sin armas, vista a través de sus consecuencias o sus actores, pero sin escenas de batalla. En este sentido, una de las principales piezas de Fotos & libros. España 1905-1977 es, por su calidad artística, el fotolibro colectivo Madrid (1937), editado por el Comissariat de Propaganda de la Generalitat catalana y donde se plantea el asedio de la capital, visto desde la retaguardia más que desde el frente. Es un relato visual que trata de las consecuencias de este asedio y donde las imágenes centran su atención en paisajes de destrucción, gente sin hogar y éxodo de refugiados obligados a abandonar sus hogares.

Los efectos de los bombardeos sobre la población civil se documentan con montajes anónimos y fotos de autores de la talla de Luis Lladó, Robert Capa, Hans Namuth, Chim (David Seymour) y Margaret Michaelis, entre otros. A destacar los rostros de las víctimas infantiles, unas fotos forenses terribles, utilizadas profusamente en la propaganda republicana, sobre las que han escrito Arturo Barea, Virginia Woolf y Susan Sontag.

Durante la guerra, un tipo de propaganda cultural característico del bando republicano es la publicación de numerosos libros donde la relación entre palabra e imagen es fundamental, aunque destaquen más por los nombres de sus escritores que por los de sus fotógrafos y diseñadores. Es el caso de Madrid baluarte de nuestra guerra de independencia (1937), de Antonio Machado; Viento del pueblo (1937), escrito por Miguel Hernández; y Valor y miedo (1938), de Arturo Barea, que han permanecido hasta ahora en la sombra. En los tres hay fotografías, pero quedan en la sombra los nombres de sus autores, que ahora sabemos que son de fotógrafos como Walter Reuter o diseñadores como Mauricio Amster.

La visión del otro bando, cuya propaganda está basada en el culto a la personalidad, se plasma en una carpeta de retratos “del Caudillo acompañado de algunos de sus principales colaboradores”, tal y como reza en su portada. Forjadores de imperio (1939) es una serie de retratos de Jalón Ángel realizados al final de la guerra con los que el artista pretende introducirnos “en la intimidad del Generalísimo y los suyos”, representando a los militares rebeldes como intelectuales, como técnicos serios y eficientes desde sus despachos y no desde las trincheras. Sus fotografías, de las que se publica una versión lujosa para presidir despachos oficiales y otra popular destinada a ser difundida masivamente en tarjetas postales, darán forma a la imagen oficial de una nueva España, cuyos valores conservadores también se representan a través de imágenes. En este sentido se muestra la obra Mujeres de la Falange (1939), de José Compte, una colección de fotografías publicadas en revistas y en formato de tarjetas postales. En ellas, aclara Horacio Fernández, “el modelo de la mujer madre, subordinada al varón y ajena a la sociedad y al trabajo, es un modelo obligatorio, sin más excepción que la impuesta por la propia guerra, en la que hay que cumplir «con gracia femenina la ruda tarea para cuando ellos regresen…»”, según marcan los eslóganes que acompañan estas imágenes.

Durante la posguerra, se mantienen los fines propagandistas de muchos fotolibros y también continúan editándose obras literarias ilustradas. A pesar de la censura, algunos fotolibros sugieren la dureza de estos años. Por ejemplo, las fotografías de Kindel, seudónimo de Joaquín del Palacio, en Momentos (1944), un libro de poemas tristes, muestran escenas de ruinas, pueblos vacíos, árboles desnudos… Mientras que en Les fenêtres (Las ventanas) (1957), otro libro de poesía ilustrado, en esta ocasión, por el fotógrafo Leopoldo Pomés, se acumulan de forma poética imágenes de ventanas cerradas que evocan un lugar sin aire, encerrado.

Otra tendencia que se desarrollará en los años siguientes son los libros urbanos. En este sentido, destaca Rincones del viejo Madrid (Nocturnos) (1951), fotolibro expresionista impreso en las gamas opacas del mejor huecograbado, que reúne una colección de fotografías de Alfonso donde se muestra la capital como una víctima más, una escenografía helada y siniestra, tan muerta como sus desaparecidos habitantes. Contrasta esta visión con la que se realiza a través de las fotografías de Francesc Català-Roca de Barcelona (1954), donde se muestra una ciudad abierta al futuro, con imágenes encontradas en la calle, tan vivas como la gente que aparece en las fotos, en un amable fotolibro urbano. Según el propio artista, “lo que la letra describe, la fotografía lo pone a la vista”.

Los años sesenta: la década de oro de la fotografía española. La principal pieza de esta sala, y una de las más importantes de la muestra junto a Madrid (1937), es la colección Palabra e imagen de la editorial Lumen: 19 títulos publicados entre 1961 y 1975 con instantáneas de los mejores artistas de la época, que componen la gran generación de la fotografía española.

Palabra e Imagen es la principal aportación española a la historia del fotolibro. Durante quince años es un laboratorio en el que se ensayan las distintas formas de un modelo editorial colectivo, realizado por escritores, diseñadores, fotógrafos y editores para reunir al mismo nivel las lecturas visuales y las textuales, la palabra e imagen. De hecho, en esta colección, creación de la editora Esther Tusquets y el diseñador Oscar Tusquets, destacan no sólo los fotógrafos que colaboraron en este proyecto colectivo, sino también los nombres de editores, diseñadores y escritores. De esta forma, Palabra e imagen reúne fotografías de autores como Jaime Buesa, F. Català-Roca, Colita, Julio Cortázar, Joan Colom, Dick Frisell, Antonio Gálvez, Paolo Gasparini, Sergio Larrain, César Malet, Ramón Masats, Oriol Maspons, Xavier Miserachs, Francisco Ontañón y Julio Ubiña. Los textos corren a cargo de escritores de renombre como Rafael Alberti, Ignacio Aldecoa, Carlos Barral, Juan Benet, José María Caballero Bonald, Alejo Carpentier, Cavafis, Camilo José Cela, Julio Cortázar, Miguel Delibes, Federico García Lorca, Alfonso Grosso, Ana María Matute, Pablo Neruda, Octavio Paz, Julián Ríos y Mario Vargas Llosa. En cuanto a los diseñadores gráficos que participaron, además del creador de la colección, Oscar Tusquets, destacan Mariona Aguirre, José Bonet, Lluis Clotet, Toni Miserachs y Enric Satué.

La publicidad de la editorial Lumen la describe como «una colección distinta a todo lo que se ha realizado hasta ahora en el campo editorial». Sus libros «no son libros de arte, no son libros de fotografía, no son obras literarias», sino «un concepto nuevo». Todos tienen un tema «y, sobre él, el escritor, el fotógrafo y los que proyectan y realizan el libro, trabajan en equipo». Se trata de ofrecer «una idea» con distintos medios: «no sólo la palabra, también la fotografía, la composición, el tipo de letra o el color del papel pueden servir para expresarla».

Durante los años sesenta se publican también importantes ensayos fotográficos, como Los Sanfermines de Ramón Masats y Barcelona blanc i negre (1964), de Xavier Miserachs, dos maestros de la fotografía documental. “El primero ha sido considerado «la obra fotográfica más personal que se ha hecho en España». Una «narración por imágenes» que demuestra las posibilidades expresivas del fotolibro y hasta qué punto «la imagen fija no es suficiente para un fotógrafo que busca la narración», –comenta el comisario-. El segundo es un paseo por las calles de Barcelona buscando a sus habitantes, más interesado en la vida que en la historia. Un «libro para mirar» que intenta una síntesis complicada entre las fotografías humanista y subjetiva de la década anterior y la nueva fotografía urbana internacional que sigue el patrón creado por William Klein, «una originalísima forma de sugerir las ciudades» sin caer en tópicos ni tipismo”.

También es de Miserachs Costa Brava Show (1966), un fotolibro que partiendo de un fénomeno de masas, como es el turismo, y ,a través de fotos tanto en blanco y negro como en color, aborda temas como las diversiones juveniles, la liberación sexual o las consecuencias del progreso económico (el caos urbanístico, la corrupción o la pérdida de autenticidad). La intención es asimismo crítica en Vivir en Madrid (1967), fotolibro de carácter documental en el contenido y experimental en la forma, tanto del texto como de la imagen. La fotografía distante y austera de Francisco Ontañón es amable con la gente corriente y crítica con los privilegiados, pero siempre en clave de humor.

Por último, entre los fotolibros literarios publicados toma especial relevancia el trabajo conjunto del fotógrafo Enrique Palazuelo y Camilo José Cela, quien aporta los textos a Nuevas escenas matritenses (Fotografías al minuto) (1965-66). En él, Palazuelo da vida a sesenta y tres relatos urbanos de Cela a través de más de trescientas fotos callejeras, que presentan un Madrid “increíble, donde el tiempo se detuvo distraído y olvidado”. Este trabajo se publicó en varios formatos: primero, por entregas, en un semanario popular y una revista literaria, y, porteriormente, en formato fotolibro tanto en edición normal como de bibliófilo. En él, se cuentan historias inventadas a partir de fotos documentales, un procedimiento literario que ha sido denominado “fotorrelato celiano”. Las fotos suponen una documentación bastante amplia de la época, ya que en ellas no se presta atención a las reliquias históricas, ni los monumentos o museos, ni los tópicos fotográficos de costumbre. Palazuelo se limita a pasear la cámara por barrios atrasados, más periféricos que céntricos, escenarios en los que encuentra a la gente humilde. Son imágenes amables, costumbristas, sin intenciones críticas ni estéticas, que sirven para“oír con nuevos oídos, ver con distintos ojos lo que creíamos visto y oído para siempre”.

Por su parte, el fotolibro Cabeza de muñeca (1968), modelo de libro del futuro de Luis Acosta Moro, es “un poema de cortas palabras y grandes imágenes”, según su autor, quien es el responsable de todo el proceso: fotografías, diseño y texto. Esta obra simbólica alude, entre otros temas, a la Guerra Civil y la imagen de la mujer. Para el editor es un tipo nuevo de libro, una “película-novela-ensayo artístico”. Su protagonista es una modelo que aparece en todas las imágenes, en lo que, a veces, asemeja un “baile” (o “lucha”) entre ella y el artista tras la cámara.

Los fotolibros editados durante los años setenta son el epílogo de la muestra. A partir de la década de los ochenta se generaliza la edición de libros fotográficos con el efecto paradójico de la casi completa extinción de los fotolibros de autor. En esta sala, el comisario ha reunido algunas publicaciones políticas que cuentan en imágenes la segunda mitad de los años setenta, época de la transición democrática, un momento muy politizado en España. Dos fotolibros, Pintadas del referéndum (1977) y Pintades Pintadas Barcelona (1977), recopilan la propaganda del momento, que en esta ocasión tiene forma de grafittis callejeros, un tema también tratado en publicaciones francesas y portuguesas. El propósito es guardar las pintadas “como testimonio y documento necesario de los avatares de todo un pueblo a la búsqueda de su futuro”, tal y como marcan sus autores, dos colectivos fotográficos de corta vida, el Equipo Diorama de Madrid y el Foto FAD de Barcelona.

Por otra parte, destacan también los dos libros publicados por Fernando Nuño a partir de imágenes televisivas. Dado que la historia contada en directo a través de las cámaras resultaba efímera, TVE decidió editar estos dos volúmenes. “Aquella Televisión Española se dedica a la información, sí, pero –como diría el difunto Agustín García Calvo– no deja de ser un medio de formación de masas. El caso es que la historia en directo no dura nada y los responsables de propaganda necesitan un relato que se sostenga, una historia oficial”, analiza Horacio Fernández. Para conseguirlo, Fernando Nuño fotografía vídeos. Los últimos días de Franco vistos en TVE (1975) es único tanto en forma como por su contenido, es un fotolibro televisivo, con fotos de segunda mano, pero tan documentales o más que los viejos reportajes. “Al ser reproducidas de vídeo [las fotos] dan esta calidad de documento vivo”, se explica en el libro, un relato visual que se completa con un segundo, Los primeros días del rey (1975).

La temática de los trajes y la cultura popular, visible también en piezas previas de la exposición, se desarrolla en estos años en obras como Punk (1977), que reúne las imágenes realizadas por Salvador Costa en Londres ese año. Este es un fotolibro pionero en la representación de un fenómeno de la cultura popular internacional. “En las fotografías «cercanas y encima del sujeto» de Salvador Costa, importa menos la escena que el público, presentado en retratos de personas, vestimentas y rituales rabiosamente contemporáneos del autor, que tiene la suerte de encontrar un editor capaz de descubrir en sus fotos algo más que otra moda efímera”, explica Horacio Fernández. Es en esta época cuando la imagen de esa mujer sumisa a la sociedad patriarcal y marital de la primera mitad del siglo sufre una mayor transformación. Ejemplo de este feminismo es la obra de la escritora Maria Aurèlia Capmany y la fotógrafa Colita, Antifémina (1977), “un fotolibro que intenta representar a la mujer «que no quiere ver nadie», pero «es auténtica y real, la que no tiene veinte años, la que no es guapa». Para conseguirlo, Colita selecciona fotos de su archivo sobre temas como la vejez, el matrimonio, el trabajo, la religión, la prostitución, el cuerpo, la marginación, la publicidad, el vestido o el piropo. Antifémina es un ensayo visual y político, un manifiesto a favor de las mujeres, pero contra la “feminidad”, siempre «vinculada al papel pasivo de la mujer»”, finaliza el comisario.

Con ocasión de esta muestra se ha publicado un catálogo razonado coeditado por el Museo Reina Sofía, Acción Cultural Española (AC/E) y RM. La publicación incluye, además de un ensayo del comisario junto a Javier Ortiz-Echagüe, fotografías de todas las obras expuestas así como extensas fichas individualizadas de cada fotolibro, elaboradas por distintos autores especializados (Horacio Fernández, Javier Ortiz- Echagüe, Concha Calvo, Rocío Robles, Mafalda Rodríguez, Angélica Soleiman y Laura Terré).

Fotos & libros. España 1905-1977. 27 de mayo de 2014 – 5 de enero de 2015. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid). Organización: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Acción Cultural Española (AC/E). Comisario: Horacio Fernández. Coordinación: Concha Calvo y Almudena Díez.

Con gran cariño y simpatía desde nuestra querida y culta Madrid,

Félix José Hernández.

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