LA SANGRE DE LOS VENCIDOS

sangre

París, 7 de diciembre de 2013.

Querida Ofelia:

Pocas veces un libro me ha impresionado tanto. Me acaba de ocurrir con Il sangue dei vinti (La sangre de los vencidos) del escritor y periodista italiano de izquierda Giampaolo Pansa.

Gigantesco éxito, gracias a los 350 000 volúmenes vendidos en Italia hasta hoy, ha desatado una enorme polémica y un debate intenso, pues hasta ahora la poderosa izquierda itálica había logrado que se mantuviera un silencio casi total sobre los desmanes, humillaciones y crímenes, cometidos por los comunistas fundamentalmente, a partir del 25 de abril de 1945.

A lo largo de las 380 páginas y ayudado por una vasta documentación, Pansa reconstruyó con detalles centenares de asesinatos, llevados a cabo por venganzas, envidias, fanatismo político u odios entre clases sociales.

El baño de sangre que cubrió a la Italia septentrional sobre todo, hasta finales de 1946 y en algunos casos posteriormente, cuyas víctimas no eran todas criminales de guerras que había que castigar con la pena de muerte, es descrito magistralmente con todo su horror.

Pansa logró desgarrar la cortina de silencio creada por la izquierda italiana durante medio siglo, ofreciendo así un dramático documento histórico, prueba de su honestidad intelectual como escritor.

Ya en 2003, algunos periódicos italianos habían publicado fragmentos del libro que pronto saldría a la venta. Pansa comenzó a recibir amenazas y numerosos insultos de la parte de los comunistas y del periódico de la Rifondazione Comunista.

Cientos de libros, artículos de prensa, películas y documentales, nos han informado de los crímenes fascistas durante la época del Duce. Incluso las fotos de Benito Mussolini y de su amante Chiara Petacci, colgados por los pies en el borde del techo de una gasolinera en el Piazzale Loreto de Milán, después de haber sido fusilados en Como, son archiconocidas. Pero hablar o escribir sobre los arreglos de cuentas y los odiosos crímenes cometidos por los guerrilleros comunistas a partir de ese momento, había sido tabú hasta hoy.

Citando nombres, apellidos, fechas y lugares exactos, las dramáticas páginas del libro nos cuentan con lujo de detalles todo el horror y la barbarie, en que cayó un país como Italia, cargado de historia, arte, cultura y buen gusto.

El sadismo de los “compañeros” invadió campos y ciudades italianas: asesinatos de los enfermos en sus camas en los hospitales, exterminación de familias completas incluyendo a los criados y animales domésticos, violaciones de niños y niñas y posterior fusilamiento junto a sus padres, filas de condenados en los bordes de los puentes y tirados a los ríos después de meterles una bala en la cabeza o sin hacerlo, para que el gentío aplaudiera mientras se ahogaban, mítines de repudios y posterior linchamiento a patadas de hombres, mujeres y niños, exhibición de los cadáveres en calles y plazas hasta que los camiones de basura, los recogieran unos días después junto a la basura del pueblo, son algunos de los numerosos actos cometidos por los comunistas al entrar en los pueblos y ciudades.

Durante los meses de verano entre 1970 y 1980, trabajé como intérprete de numerosos grupos de “partigiani” italianos, que iban a Cuba en peregrinación política. Llegaban en grupos organizados por las agencias Italturist y Unitá Vacances, ambas del PCI (Partido comunista italiano). Sus acompañantes eran los “compañeros” Vando Martinelli y Marguerita Ragnoli. Yo estaba completamente convencido de que me encontraba entre héroes antifascistas. Así fue como conocí al célebre Giovanni Pesci, al legendario Comandante Tiberio, a Valerio, Gino Archenti y tantos otros. Ahora, más 30 años después, al fin la verdad ha logrado romper el mito de aquellos “héroes”, gracias a este importante libro.

Los niños que llevaban la comida a sus padres presos en los hoteles o escuelas convertidos en centros de torturas, eran detenidos, violados, torturados y fusilados junto a los padres. Se enganchaban anzuelos en las lenguas y testículos de los prisioneros y posteriormente se les hacía caminar desnudos sobre el pavimento, lleno de pedazos de botellas rotas, bajo los aplausos de la plebe.

Se les tiraba a las rodillas a grupos de adolescentes y cuando caían al piso heridos, se les rociaba con gasolina y se les daba candela. Todo en plazas públicas, a la vista de sus familiares. Otros eran lanzados vivos al “río” de metales incandescentes de la industria metalúrgica. Acusadas de haber sido lavanderas, criadas, mozas de limpieza, etc., en casa de los fascistas, muchas mujeres fueron peladas al rape, sus bocas llenadas con papeles y después gracias a una mecha pegada a los labios, se les aplicaba el fuego.

La lista de horrores cometidos por los comunistas es inmensa.

En el libro “Togliatti e Stalin” de Elena Aga-Rossi y Victor Zaslavsky, de la casa editora Il Mulino, los autores plantean la tesis de que las venganzas y las depuraciones no tenían como objetivo solamente el eliminar a los fascistas o a los que habían cometido crímenes de guerra. Para ellos, los comunistas italianos querían debilitar a la burguesía italiana y sustituir a la vieja clase dirigente por una nueva leadership comunista. Es por eso que muchos terratenientes, ejecutivos de empresas, hombres de negocios, cuadros industriales, de la banca, directores de escuelas y hospitales, profesores universitarios, etc., fueron asesinados por simples “sospechas” de ser fascistas.

Se quería dar un ejemplo de “puño de hierro”, es decir: ¡Con nosotros los comunistas no se juega!

También estaban los “ingenuos” que querían eliminar a la mayor cantidad posible de fascistas, para que no pudieran volver al poder. Pero la historia ha demostrado que medio siglo después, gracias a la alternancia democrática, el país avanza.

El 31 de mayo de 1945, en una entrevista con el embajador de la URSS en Roma, Mikhail Kostylev, el líder comunista italiano Palmiro Togliatti declaró que unos 5 000 fascistas italianos, habían sido fusilados al finalizar la guerra.

El Instituto milanés por la historia de la República Social Italiana, posee una lista de 19 801 personas asesinadas a partir del 25 de abril de 1945.

En el prólogo de esta nueva edición, Giampolo Pansa escribe sobre las numerosas cartas de agradecimiento que ha recibido, de parte de personas cuyos familiares fueron víctimas de los comunistas y agrega que lo que no le perdonan los comunistas es que sea él, un escritor de izquierda, el que haya llevado a cabo esta importante investigación histórica y que la haya hecho conocer al gran público italiano.

Giampaolo Pansa, nació en Casale Monferrato en 1935, escribe en el semanario L’Espresso y en el periódico La Repubblica (ambos de centro izquierda). Con Sperling & Kupfer ha publicado ensayos y novelas de gran éxito. Entre ellos hay que destacar : La bambina dalle mani sporche (La niña con las manos sucias), I nostri giorni proibiti ( Nuestros días prohibidos), que fue Premio Bancarella, Romanzo di un ingenuo (Novela de un ingenuo), Le notti dei fuochi ( Las noches de los fuegos), I figli dell’Aquila ( Los hijos del Aguila), Bestiario d’Italia 1994-2004 y Prigionieri del silenzio ( Prisioneros del silencio).

Un gran abrazo desde la Ciudad Luz,

Félix José Hernández

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