LAS SIETE PUERTAS

(Breve Narración)

Nacido a las siete horas de transcurrido el día siete en el mes séptimo del año, contaba su madre que en el proceso de alumbrarle, él no tenía apuro en salirse de ella, a pesar de que tan solo consistía en traspasar la primera puerta de su infancia, atravesar el umbral y dejar atrás el recinto materno encantado, donde inmerso en ambiente confortable lograba desarrollarse a plenitud; tal parecía que la información genética heredada le permitía resistirse al cambio para evitar la angustia e incertidumbre subyacente de enfrentar lo desconocido; su nacimiento se dilató en tiempo, siete horas exactas al cesar una abundante lluvia coronada por un hermoso arcoíris de bienvenida con sus siete colores brillantes. Así iniciaba el peregrinar de su existencia a puro llanto y rebeldía por la expulsión repentina del habitad primario, sello en el comportar, que lo caracterizó durante la travesía por las puertas restantes del proceso evolutivo en su séptima reencarnación; manifestación en él, de la creencia o tradición que establece una relación mística entre los números y los seres vivos junto con las fuerzas físicas, donde los números son utilizados como vibraciones o formas de energías personales que se aplican a los distintos sectores de la vida.

La vibración de ese número primo mágico perfecto, que simboliza la relación de lo divino y lo humano se hizo presente desde su etapa de la niñez, tras su segunda puerta. De distinción y elegancia innata, escoltado por siete ángeles protectores, su madurez referente a conocimientos y comportamiento rebasaba el promedio para su edad, era un “niño viejo” con tendencia a encerrarse en su mundo interior y evadirse de la realidad como característica fundamental; curioso, imaginativo e intuitivo, ávido de respuestas razonables a su perenne cuestionar de las cosas; aficionado a la lectura desde muy pequeño, ampliaba el caudal de sus conocimientos autodidacta con intensidad, lo que enriquecía su imaginación.

El paso por la tercera puerta le permitió adentrarse en el mundo fantástico de la adolescencia, evolucionar del pensamiento concreto al abstracto; etapa en que comenzó a comprender que él era un puro número siete, vibración que produce personas de gran profundidad de pensamiento, herméticas y enigmáticas; su conocimiento inmediato de las cosas y espiritualidad los hacen alejarse de intereses materiales; aceptan los hechos después de haberlos investigado, analizado y comprendido por sí mismo con riguroso criterio. Su pasión por el ajedrez, llamado juego ciencia, fortaleció su capacidad analítica y reflexiva; la ejecución magistral de varios instrumentos musicales amplió su espiritualidad, lo místico lo atraía con la misma fuerza que un imán. Sus claves constantes eran, la búsqueda de espiritualidad, la meditación y el análisis en profundidad. Al llegar a la joven adultez y cruzar la cuarta puerta existencial, cada vez más comprobaba su condición de número siete; prefería el contacto directo con la naturaleza lo cual le permitía meditar y encontrarse consigo mismo, así se renovaba para enfrentar los retos vivenciales cotidianos; los poderes psíquicos e intuitivos le posibilitaban conectar el mundo consciente con el inconsciente para lograr resolver misterios que trascendían más allá de la habitualidad de los mortales; disponía de tiempo libre para dedicarlo a intereses filosóficos y metafísicos,la sapiencia guiaba sus acciones; en este período consolidó unión matrimonial con su igual, una bella replica numérica afín; ambos compartían la necesidad de perfeccionarse espiritualmente, procurar una filosofía de la vida y juntos poder penetrar los misterios del alma; se admiraban mutuamente en cuanto a talento e inteligencia; dulces, complacientes y tolerantes superaban cualquier diferencia que impidiera su convivencia.

Las experiencias y conocimientos acumulados al superar las puertas quinta y sexta correspondientes a su adultez mediana y madura, así como los estudios de las distintas disciplinas del saber, le hicieron comprender la recurrencia de su número siete como algo mágico para casi todas las culturas, en alusión a los días en que Dios creó al Mundo y descansó, los pecados capitales, las virtudes teologales, los dones del Espíritu Santo, la estructura en el Libro del Apocalipsis, los estadios o cielos en la religión islámica, las chakras del cuerpo humano en el hinduismo, las virtudes del bushido, los días de la semana, las notas musicales, las Maravillas del Mundo, los colores del arcoíris, las edades del hombre según William Shakespeare, los reyes de Roma y sus colinas, la clasificación de las artes, los sabios de Grecia, las vidas del gato, la repetición de ese número en la vida y obra de Simón Bolívar, por citar algunas; consideraba que su mayor fuerza vibracional radicaba en la sabiduría y su buena estrella, las que posibilitaban solucionar las dificultades que le impedían avanzar hacia el éxito individual, legado transferido a sus siete hijos. Ya próximo a la séptima puerta de su última vida reencarnada, se sentía satisfecho por su labor realizada en el conjunto de vivencias anteriores; había logrado su meta final, la perfección de su “yo” en el largo camino existencial, para así descansar por siempre en la eternidad como espiritualidad y cerrar el ciclo de sus siete puertas.

Rolando Lorié (copyright-2013)

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