Y LLEGAMOS A KIEV (PRIMERA PARTE)

Fuente de los fundadores de Kiev en la Plaza de la Independencia.

Fuente de los fundadores de Kiev en la Plaza de la Independencia.

París, 30 de marzo de 2013.

Querida Ofelia:

Llegamos el dos de agosto a Kiev, para pasar los dos últimos días de nuestro crucero de doce días por Ucrania en la capital del país. Fueron dos días intensos, llenos de agradables sorpresas.

Ese día fue el cumpleaños de nuestra seca, fría y distante guía del grupo francés, ya que el responsable de la programación francesa pasó los últimos tres días a decírnoslo en cada oportunidad que nos encontraba. No sé si alguien le habrá hecho algún regalo a la señora.

El puerto fluvial de Kiev en el que estaba anclado el barco está situado en un lugar muy céntrico, en la orilla derecha del río Dniéper. Frente a las estaciones del metro Pochtova Plosha y del funicular. En la plaza al lado se encuentra la recientemente reconstruida Iglesia de Natividad. En la plaza nacen dos calles: Sagaydachnogo, en la que uno puede encontrar tiendas, cafés y restaurantes y la otra que se llama Volodimir y lleva a la Plaza Europea. En sólo una parada de metro se llega hasta la estación Plaza de la Independencia, por la cual pasa la famosa Avenida Krechtchatik.

Fuimos a pie desde el barco hasta la Plaza de La Independencia. Está rodeada por inmensos inmuebles de estilo estalinista; a su centro se alza desde el 2001 la Estatua de la Independencia sobre una columna de 62 metros de altura. Allí se situó el epicentro de la Revolución Naranja en 2004. Hay varias fuentes, entre ellas la dedicada a los fundadores de la ciudad. También se alza un Arco de Triunfo (La Puerta de Liadski), sobre el cual aparece San Miguel – santo patrón de la ciudad- matando al dragón. Al fondo de la plaza un centro comercial con paredes de cristal en forma de arco le sirve de fondo. Sobre él hay dos enormes publicidades lumínicas de Coca-Cola, lo cual quita toda solemnidad a un lugar donde se decidió el destino de la Nación.

No vimos vagabundos, limosneros ni prostitutas en el centro de la ciudad.

Fuimos a tomar el metro para regresar a almorzar al barco, pero la confusión era tal y no comprendíamos nada pues estaba todo escrito sólo en ruso y ucraniano, que decidimos tomar un taxi en la plaza. Le mostré en el plan de la ciudad al taxista que queríamos ir al puerto, a sólo seis cuadras de allí. Arrancó y, cuando me percaté de que no ponía el taxímetro en funcionamiento le pregunté cuánto costaba la carrera. Me dijo: ¡quince euros! Allí mismo nos bajamos y le dejamos las dos puertas abiertas. Creo que los taxistas estafadores de turistas son una plaga internacional, nos ha ocurrido lo mismo en varios países.

Desde el barco se podía ver un monumento erigido en honor al 325 aniversario de la unificación de Ucrania y Rusia, del escultor Alexandre Skoblikov. Consiste en un enorme arco de acero que por la noche es iluminado con los colores del arcoiris. Según nuestra guía-que era rusa como todas las demás guías-, Ucrania debería volver a formar parte de Rusia. A partir de allí nos hizo la apología del pueblo ruso con un velado discurso anti-ucraniano. Yo le dije que era la primera vez en mi vida que durante el recorrido por uno de los 58 países que he visitado, una guía quiera que el país donde vivía fuera anexado de nuevo por otro y que no pusiera de realce el valor del pueblo del país que visitaba. Ella se limitó a callarse.

Antes de continuar, te deseo escribir un poco sobre la historia de la Kiev.

La capital de Ucrania cuenta con tres millones de habitantes y se extiende sobre una superficie de 780 kms. cuadrados. Está situada a ambas orillas del río Dniéper. En las colinas de la orilla derecha a mediados del siglo V nació la ciudad que más tarde sería llamada como la madre de las ciudades eslavas, porque fue allí donde a finales del siglo IX se unificaron las tierras eslavas orientales formando un solo Estado: La Rus de Kiev.

Gran parte de la historia de los primeros tiempos de Kiev se conoce gracias a la Crónica de los tiempos pasados, escrita por los monjes del Monasterio de las Cuevas Lavra de Kiev (su construcción duró más de nueve siglos). Fue allí donde el primer historiador ruso escribió la leyenda sobre los tres hermanos Kiy, Shek y Joriv y su hermana Libid que construyeron un pueblo en las colinas de Dniéper y le dieron el nombre de Kiev por su hermano mayor. Los hallazgos arqueológicos confirman que realmente hubo el asentamiento llamado Kiy a finales del siglo V en esta tierra. Basándose en ambas fuentes los historiadores han calculado que la ciudad cuenta con más 1500 años de antigüedad. Entre los siglos IX y XII Kiev floreció como la capital de La Rus. Cuando el cristianismo fue adoptado como religión oficial en 988 Kiev pasó a ser el centro económico, religioso y cultural del imperio eslavo. Según los cálculos de los historiadores, en el siglo XII la población de Kiev alcanzaba ya las 50 000 personas. En 1240 la ciudad fue devastada por los invasores tártaros y mongoles. Fue liberada de ellos en el siglo XIV para caer bajo el dominio de los lituanos y después de los polacos. En 1654 gran parte de Ucrania pasó a ser parte del imperio ruso.

La ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial fue terrible para la ciudad y sus habitantes. Más de 195 000 ciudadanos fueron fusilados en Baby-Yar, torturados salvajemente y asesinados en los campos de concentración de Darnitsa y Syrets. Más de 2 500 fábricas, inmuebles y monumentos fueron dinamitados, incluso La Catedral de la Dormición de la Virgen (del siglo XI). Esta última fue totalmente reconstruida según los planos originales entre 1 996 y 2 000, como también han sido reconstruidos espléndidamente todos los edificios religiosos que fueron dinamitados por orden de Estalin. Los alemanes destruyeron los monasterios e iglesias de la Lavra de Petchersk. La principal avenida de la ciudad La Krechtchatik y todas las manzanas alrededor de ella fueron dinamitadas. Hoy lucen reconstruidas y repletas de tiendas, cafés, cines, etc., lo que provoca admiración cuando se ven las fotos de cómo las dejaron los alemanes al huir de la ciudad. Incluso la Universidad fue incendiada, como si los alemanes hubieran querido hacer desaparecer la cultura ucraniana de la faz de la tierra.

Fuera del centro de la ciudad predomina la horrible arquitectura de prefabricados de estilo “khrouchtchevky” que impuso Nikita Khrouchtchev.

En 1991 después de la desintegración de la U.R.S.S. el parlamento ucraniano declaró la independencia de Ucrania.

El Concierto del Coro Nacional Ucraniano

La primera noche fuimos al teatro de La Casa de los Maestros, cuyo inmueble es uno de los mejores ejemplos del neoclásico de inicios del siglo XX de la ciudad, a disfrutar de un excelente concierto de La Coral Nacional Ucraniana que lleva el nombre del compositor ucraniano Levko Révoutsky fue creada en 1969.

Un pobre hombre viejo empapado en sudor, no lograba abrirnos las puertas del bello teatro empolvado con olor a cerrado. Al fin pudimos entrar. Todo el lado derecho del magnífico vestíbulo que recuerda el del Théâtre National de Chaillot de Paris, estaba cerrado por una pared de madera plegable, detrás de la cual se encontraban los vestuarios. Como no tenían techo, me parece que a causa de que el teatro carece de aire acondicionado, al subir por la magnífica escalera de mármol, las señoras pudieron recrearse al ver a los miembros del coro y de la orquesta cambiarse de ropa y ponerse los elegante smokings. Pero bueno, al fin pudimos llegar a nuestras empolvadas butacas.

Desde el año 2009 el artista emérito de Ucrania Yuriy Kurach es el director de la Coral. El repertorio consiste en música coral ucraniana, antiguos cánticos religiosos ortodoxos, cantos del Monasterio de las Cuevas Lavra de Kiev, canciones populares ucranianas cosacas, villancicos y obras de célebres compositores ucranianos como Bortniansky, Vedel, Lisenko. El elenco cuenta con 35 músicos, entre ellos artistas eméritos de Ucrania, como su director Volodimir Kurach y los solistas Valentina Ivanenko y Viktor Shuliak. Cada año el coro participa en festivales y giras internacionales.

Te seguiré contando en la próxima carta.

Un gran abrazo desde La Ciudad luz,

Félix José Hernández.

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