MÁRMOLES SIN RETOÑOS

porta

 

 

 

París, 14 de marzo de 2013.

 

Recordada Ofelia:

 

Anoche estaba leyendo el poemario “Mármoles sin Retoño” junto a la chimenea, mientras una fuerte nevada caía sobre París. Disfrutaba plenamente de la belleza de los poemas escritos por Doña Herminia D. Ibaceta cuando recibí por teléfono desde los EE.UU. la noticia de la llamada a la Casa del Señor de  una persona a quien aprecié mucho en mi juventud. Hoy terminé de leerlo y lo menos que te puedo decir es que me fascinó.

 

Después de leer  el excelente prólogo de cinco páginas, escrito por el gran poeta Roberto Cazorla, del cual te reproduzco aquí las dos primeras, es difícil agregar algo sobre este bellísimo poemario que nos regala Doña Herminia.

 

“La poesía es un tornado con epicentro en la sensibilidad del poeta.

 

Recibir el obsequio de la vida a través de un libro, tenemos que agradecérselo a Dios. Mucho más si está inédito, si no ha sido desflorado por  las manos de algún lector. Tengo el privilegio de poder  subrayarlo, puesto que tengo conmigo el ejemplar de “Mármoles in Retoño”, de  Herminia D. Ibaceta. Privilegio que se duplica al tratarse de una cubana exiliada desde hace varias décadas.

 

Es un libro compacto, y desde sus páginas brota la voz que se lo dictó. Se trata de un manojo de poemas capaces de arrastrarnos por túneles hasta ahora intransitables.

 

Herminia D. Ibaceta, nació para el verso. Ha publicado varios libros, pero en la mayoría se muestra sujeta a los cánones poéticos. Ha cultivado el soneto y la décima como nuestros maestros, el  Cucalambé o Jesús Horta “El Indio Naborí”. Tiene su propia personalidad. En esta ocasión nos sorprende con un desfile de versos libres cuidados hasta lo máximo y con el latir de sus entrañas: Ibaceta no es poetisa de laboratorio. Es de las que obedece al dictado de sus vísceras.

 

Ha conseguido que, en “Mármoles sin Retoño”, aparezcan todos los colores  que definen la buena poesía. Ha logrado el ritmo del poema libre. Los versos se balancean entre lo que quiere decirnos y nuestra imaginación. Es un libro “abierto”, pero tam­bién “introvertido”, lo que nos permite deambular por los pasadi­zos que dividen su inspiración y los que emocionan al lector.

 

De Ibaceta consigue abarcar todos los sentimientos y la ideología  del alma. Leerla produce terremotos de pensamientos. Su libro deja huellas, nos exige opinar y nos obliga a rezar en el pórtico de sus mensajes: la poesía siempre conlleva un mensaje (detesto el político), pero de los que huelen a jardines violadores de la noche, a piel de recién nacido, a la humedad de la adolescen­cia, o a la Patria ya perdida. Todo en ella es perfume y vida.

La poetisa (No me gusta la palabra poeta para ellas) está por encima de la mujer que resulta. Porque la primera tiene un don que le permite decir “Siempre cantó la tierra”. Está dotada de un sentido auditivo que pocos poseen. No es fácil afirmar que la tierra cantó o canta. “Ya no canta la tierra…/ el eco apagó sus espirales”, nos dice. Y, para decirlo, hay que ser accionista de la llave que permite abrir los misterios de la vida y de la muerte.

Aunque es una mujer realizada, la poetisa que la habita siente tal soledad, que afirma: “Me lo han quitado todo…/ desde la sal a la entraña,/ desde la piel a la médula”. Y añade en el poema “Recuento”: “Ciudadano de la nada/ vivo una tierra sin tierra,/ sin rumbo cruzo los rumbos”.

Jamás la derrota total, ya que termina diciendo:

“Si, me lo han quitado todo…/ mas, en el abismo de mis manos/ crece libre el pensamiento,/ y en la esquina más tenue del ala,/ palpitante y rotunda mi quimera”.

El exilio la ha hecho más artista. Nunca roza el panfleto, menos la frivolidad: Ibaceta también es una abanderada del optimismo, pero está capacitada para expresar todos los sentimientos de los que está hecho el hombre (léase Humanidad).

En el poema “Ayer, hoy, siempre”, la angustia parece estrechar su mano… “Son las doce…/ en las esquinas/ repican las ideas enquistadas”.

Desesperación, soledad, amor, preocupación y una enorme inquietud la convierte en una mujer de su tiempo. Sufre y protes­ta. Ama y condena. Se compadece y pide cuentas. Lo consigue porque, de lo contrario no diría:

“Seremos ese grito sordo,/ que se rompe contra el tímpano de la tiniebla”.

Sin proponérselo, nos sorprende con un alarde de metáforas y un caudal de imágenes que sólo podrían asomarse desde la habitación privada de la luna. Ella sube al infinito y nos alcanza.  Estos poemas son una antorcha enamorada de las páginas de su libro. La esperan futuras generaciones (…)”  Roberto Cazorla.

De este poemario que es la Protesta de Doña Herminia por el Dolor de Cuba, he escogido dos poemas:

 

Tan sólo un hombre más

 

Desprovisto de rumbos y de puertos

busco el camino.

Solo estoy… conmigo, sin máscaras,

desprendido del yo que me inventaron:

marioneta de turno,

portador de pancartas, repetidor de consignas,

violador de derechos, espía del vecino,

delator del amigo, verdugo del hermano.

Inmisericorde Caín…

Espantado del aquel yo

que dominé y fue dominado,

que encadenó para ser encadenado,

purificó mi entraña, sacudo mis huesos,

desempolvo mi piel, retomo mi espíritu,

devuelvo la verdad a la palabra;

y así, desnudo, despojado,

busco el camino de mis perseguidos,

puerto Cinico

al que sólo nieblas y silencios llevo,

sólo nieblas y silencios midiendo la soledad.

No sé si las pupilas de la noche

me delaten o me guíen…

no temo, la muerte nos libera,

y vivo o muerto, allá o aquí,

dejaré de ser: “El Hombre Nuevo”

para ser tan sólo un hombre más.

 

              ¡Señora Iluminada!

               ¡Señora Iluminada!…

vengo hasta ti desde la infamia misma,

desde el lóbrego silencio que enmudece la palabra;

me ahoga la tristeza,

las horas ruedan por mis hombros

y entre ausencias y olvidos,

rejas y soledades, oprobios y reclamos,

se me han muerto los sueños.

Toco a tu puerta,

vengo por el abrigo ofrecido…

¿Qué ominoso viento te ha cerrado los párpados?

Tú, que a través de los tiempos

a todos recibiste con los brazos en cruz,

no hallarás en las aguas motivos al abrazo.

Soy un hombre que busca

espacio al pensamiento, razón para vivir,

pero no, no están secos mis pies…

¡Señora Iluminada!…

“Los pies no han de estar secos

mientras moje las plantas

la sangre de los pueblos.”

 

Herminia. D. Ibaceta, nació en Madruga, La Habana, Cuba. Cursó sus primeras letras en el colegio El Apostolado de la citada población, y el Bachillerato en Letras en el Instituto de Segunda Enseñanza de Güines. En 1958 recibió el grado de Dra. en Pedagogía, en la Universidad de la Habana.

Su convicción religiosa y su amor por la Lib­ertad la llevaron a tomar en 1964, el camino del exilio. Acompañada por su esposo, el Sr. Raúl Ibaceta del Águila, llegó a  New York, donde se radicó, continuando sus estudios en el Teachers’ College de la Universidad de Columbia, hasta obtener una Maestría en Artes. Ejerce como profesora de español y como chairman de los departamentos de español y de educación bilingüe, dedicando su tiempo libre al periodismo y a la poesía.

 

La Dra. Ibaceta ha publicado varios libros de poemas: “Canto a Cuba”, 1975; “Ondas del Eco”, 1983; “El Amor Resucitado/ Amor y Filosofía”, 1992; “En Pos del Rumbo “,1998; y “La Incertidumbre de las Hojas”, 2003. En el 2004 salió a la luz el “Sonetario Cósmico”  publicado por Fredo Arias de la Canal, y el Frente de Afirmación Hispanista de México. Sus poemas y artícu­los periodísticos han aparecido en diferentes órganos de prensa. Prestigiosas antologías han recogido muchos de sus poemas; sus ensayos han aparecido en las revistas Sinalefa, dirigida por el Dr. Rafael Bordao y en la revista Círculo del Círculo de Cultura Panamericano, Capítulo de Miami, al que pertenece. Es además, miembro del Club Cultural de Miami, Atenea, de la Federación de Maestros Retirados, del Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio, del Pen Club de Escritores Cubanos Exiliados y de la Academia Poética de Miami, Dr. Darío Espina Pérez , de la que es Miembro de Honor desde 1994. Es, asimis­mo, Miembro de honor de la Cuadratura del Círculo Poético lberoamericano de Los Ángeles California. Herminia ha recibido numerosos premios literarios de poesía, entre los que figuran cuatro primeros lugares.

Herminia Ibaceta siente pasión por la poesía, que le permite expresar de manera idónea los sentimientos que la dominan. Su objetivo es: “Tocar con su mensaje poético el alma de los demás.”

La semana que viene tendré la oportunidad de hacerte llegar el libro a San Cristóbal de La Habana, estoy seguro de que te gustará. Hazlo circular entre los amigos. Sé que ellos están siempre a la espera de algún libro desde París y de alguna de las cartas que te escribo.

Te quiere siempre,

Félix José Hernández.

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