LA GUILLOTINA

Guillotina auténtica,  heradada por Vietnam de sus tiempos de colonia francesa. Foto: JaulaDeArdilla

Cierto día y mes, de cualquier año finalizando el siglo XVIII, iba el reo camino al patíbulo condenado a muerte en la guillotina, era escoltado por guardias de marcha uniforme, maniobra ejecutada con notable precisión. Sucedía en una mañana calurosa de incipiente verano, lo que contribuía a que el público se impacientara por disfrutar del espectáculo de la decapitación, anunciada en la plaza central; ejecución que debía prolongarse para dar mayor gusto a los espectadores; el inculpado en el trayecto, no sentía sus pasos, le parecía como si caminara en el aire sin control de sus piernas, sus reacciones somáticas se intensificaban segundo a segundo; sudaba copiosamente, su transpiración corría por todo su cuerpo empapando la vestimenta e inundando sus pies al acumularse en las botas de cuero; no había un centímetro de músculos corporales que no estuviera tenso; la aceleración en el latir del corazón, le provocaba una presión intensa en las sienes; el ritmo respiratorio incrementado al máximo, le dificultaba el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono próximo a provocarle un ataque de pánico; experimentaba una agresiva resequedad bucal, no salivaba y la sed era agobiante; la ansiedad se presentaba en su estómago con dolor punzante intermitente; la vista nublada, le dificultaba la definición visual; había perdido el control de efínter,lo que hacía insoportable su mal olor. Los síntomas de despersonalización se evidenciaban, era como si se alejara de sí mismo, aquello que le ocurría lo observaba como un espectador más, desdoblado conscientemente sin apenas comprenderlo; el tiempo lo percibía como acelerado y lento por momentos, en una sucesión confusa de hechos; ahora sus sentidos eran sumamente sensibles, las sensaciones se padecían de forma triplicada en frecuencia, intensidad y duración. Al llegar al tablado de escalones, correspondientes a la plataforma donde se situaba la máquina de ejecución, la angustia y ansiedad de la cercanía consciente de su muerte, le provocaron mareo y deseos de vomitar. Los guardianes lo sujetaron y le ayudaron a subir los escalones, el verdugo lo esperaba con impaciencia; una vez de pie en la plataforma, miró a la multitud expectante que gritaba enaltecida, después alzo su vista concentrándola en la filosa cuchilla de acero en forma triangular pendiente, la que descontinuaría su vida; en ese preciso momento, vinieron a su mente, imágenes infantiles de cuando jugaba con su institutriz en inmensos y bellos jardines; el verdugo lo saco de su ensoñación, colocándolo en el cepo asistido por los guardianes, la muchedumbre vociferaba extasiada, ya el reo dejó de oírla, no recepcionaba estímulo alguno; el verdugo al recibir la señal, accionó el mecanismo mortal; el inculpado sintió un golpe seco en su cuello y una voz que le ordenaba :-¡Despierta, levántate!
Era su amigo que lo asía del cuello; llevaba dos horas tendido sobre la arena de una hermosa playa caribeña soléandose, se había quedado dormido leyendo un libro que trataba sobre la Revolución francesa que permanecía a su lado, estaba abierto en una de las páginas que describía una ejecución de aquella época.

Rolando Lorié (copyright-2013)

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Una respuesta a LA GUILLOTINA

  1. ¿Quiénes son los que utilizaban esta herramienta asesina? eran los colonialistas?. en contra de quienes?.

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