Editado en España “REFLEXIONES DE VIAJES”

 

 

París, 11 de noviembre de 2012.

Querida Ofelia,

Acaba de ser editado en España mi décimo sexto libro de crónicas con el título de “Reflexiones de Viajes”. Durante algunos días podrás encontrarlo y descargar gratis la versión para internet en la siguiente dirección: www.eu93.net/Rincon-del-mas-alla.htm Basta pinchar en la portada del libro para abrirlo, aunque se demora un poco pues contiene 110 crónicas escritas en español, francés e italiano, en 366 páginas. Su realización ha sido posible – como en los quince libros anteriores-, gracias al trabajo llevado a cabo por el Taller-Escuela de la Asociación Federada Interregional Sociocultural “EUROPA’93”, (AFISc.eu’93), en las Islas Canarias.

También lo podrás encontrar en mi sitio web www.cartasaofelia.com -cuyo webmaster es el ingeniero Leonel Mena Valdés- y dentro de pocos días en www.cubamatinal.es (pulsas sobre BIBLIOCUBA y después sobre DESCARGA DE LIBROS). En ambos sitios web puedes encontrar los dieciséis libros.

El director de Cuba Matinal es Don Miguel Ángel García Puñales, historiador y sociólogo cubano exiliado en España. Presidente de la ONGD Ceninfec (Centro de Información y Documentación de Estudios Cubanos) y director del diario digital Cuba Matinal.

Dentro de poco también podrás encontrar “Reflexiones de Viajes” en http://kamajuani.arkloss.com (pulsas sobre BIBLIOTECA), sitio del director de la Revista Camajuaní, Don Miguel García Delgado, mi viejo amigo de infancia y ex guerrillero del Escambray durante la lucha contra el régimen de Fulgencio Batista. Allí ya aparecen mis primeros ocho libros.

Todas las crónicas de este libro siguen siendo publicadas desde Estocolmo por Carlos Manuel Estefanía en su sitio web www.cubanuestrasemanario.wix.com y desde Miami por Don Roberto Solera en www.cubaenelmundo.com

El dibujo de la portada es un verdadero símbolo de la falta de Libertad de prensa en nuestro país. Es obra de Juan Luis Ruiz, disidente cubano exiliado en Francia.

A continuación podrás leer el prlogo que escribioó mi viejo y querido amigo Miguel Ángel Maceo:

 

“Wikipedia -la enciclopedia libre- nos da esta definición del Post-it: “Los post-it o pósit son unas pequeñas hojas de papel autoadhesivo de varias dimensiones, formas y colores, aunque predominan los amarillos. Se usan para escribir notas recordatorias, para pegarlas después en cualquier tipo de superficie. (…)”

 

Lo que Wikipedia no dice es que los post-it son las secretarias que nunca he tenido. Son elocuentísimos, lo recuerdan todo. Muchos post-it campean por sus respetos en mi mesa de trabajo. No, perdón, no campean por sus respetos, los voy moviendo a mi antojo unas veces y otras condicionado por la urgencia, la importancia, etc. Los desplazo de un sitio a otro para verlos mejor, para que me hagan recordar más esto o aquello que no puedo dejar de hacer. Ya lo creo que no, no se puede decir que un post-it sea una simple hojita de papel autoadhesivo, ¡ni pensarlo!

 

Tan así es que uno de ellos este último mes ha estado todo el tiempo llamando mi atención sin parar. Dice: “Félix/prólogo”. Venga a ponerlo a un lado, a otro, frente a mí, a mi lado, echarlo un poco más para la izquierda, un poco más para la derecha… pero nada, ahí y ahí, “Félix/prólogo”. ¿Será posible que no pueda dejar de mirarlo? ¿Cómo podría dejar de mirarlo si tengo tan presente que he de escribir unas líneas para el libro de Félix? En realidad no necesitaría post-it ni nada para recordarlo, pero la tarea me parece tan difícil… Y el post-it amarillo, insistente: “Félix/prólogo”, “Félix/prólogo”…

 

Haré lo posible por escribir este prólogo sin más dilación porque es un honor muy grande, pese a que no escribo desde hace ya muchísimo tiempo… bueno, escribo cartas todos los días, eso sí. No son manuscritas, ni las guardo en sobres, ni les pongo sellos porque con el correo electrónico prescindimos de todo esto, lamentablemente. En fin, lamentablemente no, es simplemente otra manera de escribir cartas, como las de mi amigo Félix, que surgieron así, gracias a Internet, el correo electrónico y los teclados, sí, benditos teclados, porque, ¡ay de mí y de todos los lectores si hubiéramos tenido que leer sus cartas manuscritas!. ¡Díganmelo a mí que cuando por allá por los ochenta me enviaba cartas ‑como las de antes‑ o tarjetas postales de los sitios que el turista y curioso impenitente visitaba ya frenéticamente, tenía que llamarlo por teléfono días después para conseguir descifrarlas! En aquel entonces todo era decirle “Félix, ¿por qué no te compras una máquina de escribir?” No vean la letra de médico que se gasta Don Félix, sí señor. Pero parece que se ha ido enmendando, a juzgar por su caligrafía en las dedicatorias manuscritas de sus libros, que se pueden leer y entender. Se trataba de decir algo sobre el autor que no se hubiese dicho hasta ahora, ¿no?

 

No sé qué podría decir de los libros de Félix después de todo lo que tan brillantemente ya se ha escrito en los prólogos a sus libros, en la sección “Su opinión me interesa” de su página web, en las cartas que ha recibido en las entregas de premios, pero bueno, aunque nos repitamos, hablemos de las Cartas a Ofelia.

 

Podría empezar así: “Querid…” No, no, no, calma, calma. Podría empezar escribiendo “Querido Félix:” Nadie más que Félix puede escribir “Querida Ofelia”. Es un honor todo suyo. Todos los que hemos leído sus cartas hemos conocido a Ofelia y aprendido a quererla. Y sabemos que ella recibe sus cartas y se llena de orgullo y de satisfacción, como toda su familia aquí, allá o acullá y todos sus amigos diseminados por todo el mundo.

 

Querido Félix:

 

¿Quién nos iba a decir, cuando nos conocimos, que un día ibas a escribir libros y que ibas a ser merecedor de tantas distinciones y premios? No nos lo podíamos ni imaginar. Bueno, qué digo, a lo mejor tú sí. Pero creo que eres el primer sorprendido por el devenir de aquellas primeras Cartas a Ofelia, que llegaran a recopilarse una primera vez, una siguiente, y otra, y otra…. Me parece que fui el primero o uno de los primeros en llamar crónicas a tus relatos, fueran relatos de viaje o del tema que fuesen. Las Cartas a Ofelia son, ante todo, eso, crónicas. Recuerdo muy bien cuando leí las primeras y te escribí para decirte cuánto me habían gustado.

 

Tus crónicas de la vida cotidiana en Cuba durante tu infancia, tu juventud, son verdaderas joyas para todo aquel que quiera conocer de la vida y las costumbres de una familia cubana. Son enjundiosas, costumbristas…

 

Tus relatos de viajes son incomparables. ¡Qué Guía Azul ni qué Guía Michelin! ¡Guías Félix! Esas son las guías que hay que tener a mano cuando se prepara un viaje. Efectivamente, lo primero, ver si Félix ya nos contó algo sobre ese lugar donde queremos ir. Si es así, no necesitamos más guías, todo lo contrario. Y el colmo de los lujos y del placer es recorrer una ciudad contigo, querido amigo Félix. ¡¿Cómo olvidar cada vez que hemos estado en París y nos has llevado a algún sitio que nunca antes habíamos visitado, cómo olvidar esos sitios que no aparecen en las guías que nos has hecho conocer?!

 

¡Cuántas veces no he leído crónicas de viajes que has realizado que me han trasladado al lugar de tal manera que al final casi creo que los he visitado! ¡Es tan trascendente tu manera de contar! Me viene a la mente el viaje a Islandia, por ejemplo. ¿Lo leí, me lo contaste de viva voz, lo soñé? No lo sé. Nunca he estado en Islandia, pero de alguna manera lo conozco. Te estoy viendo a ti y a nuestra querida Martha recorrer esas calles que hay que calentar para que sean transitables.

 

¿Y qué te voy a decir de tus relatos sobre libros, sobre películas, sobre personalidades interesantes? ¡Cuánto hemos aprendido contigo, querido Félix, y de qué forma tan amena!

Espero que quienes tengan la oportunidad de leer esta nueva recopilación de tus Cartas a Ofelia disfruten tanto como los que las hemos ido leyendo una a una a través de los años. En ellas hay de todo, para todos los gustos.

 

Un abrazo muy fuerte,

 

Miguel Ángel Maceo”

 

Miguel Ángel Maceo es cubano. Obtuvo una licenciatura en lengua y literatura francesa en la Universidad de La Habana y vive en Francia con su familia desde hace más de treinta años. Actualmente está jubilado y uno de sus mayores placeres es ejercer de abuelo cada vez que puede.

 

Parafraseando a nuestro José Martí, Apóstol de nuestra Independencia e insigne Maestro de nuestras letras, me atrevo a decir que: “Sin aire, la tierra muere. Sin Libertad, como sin aire propio y esencial, nada vive. Es la Libertad la esencia de la vida”.

El libro está dedicado a mis queridos sobrinos italianos Mónica y Víctor Manuel.

Como te habrás podido percatar, la creación de estos dieciséis libros, la difusión de ellos y de mis crónicas, es el resultado del trabajo y colaboración de un grupo de amigos desde: París, Tenerife, Estocolmo, Madrid, Miami y Washington. Les doy mis más sinceras gracias y un gran abrazo a todos ellos.

Te deseo un otoño lleno de: paz, amor, salud y Libertad*, en unión de tus seres queridos y… ¡Qué Dios te bendiga!

Félix José Hernández.

*Como sabes, me es imposible escribir esta bella palabra con minúscula.

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