COMPARTIENDO SU DESDICHA

 

 

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Escena de la película cubana Boleto al Paraiso en la que se representa un sanatorio para enfermos de SIDA

 

 

Por: Enrique A. Meitín (Cuba/1943)

Una tarde de un día cualquiera, antes o después de su llegada, en un alejado Hospital de enfermos de SIDA situado en un pueblo del interior de la provincia de La Habana, en que se hallaba internada desde hacía algunos meses Xenia, fue a visitarla su madre. Cuando esa entró en la Sala, donde se encuentran recluidos los pacientes terminales de dicha enfermedad, notó que a pesar de que las ventanas permanecían abiertas todo el tiempo, la atmósfera se mantenía cargada de ese vago olor antiséptico, típico de los hospitales… el ambiente era realmente sepulcral, y ella como todo visitante se percató que la soledad es más fuerte cuando se intenta enfrentarla, pero se muestra débil cuando se ignora…

Le pareció ver a su hija allí, al fondo del corredor, sentada al borde de su cama, con la cabeza colgando y los hombros caídos, como ensimismada en sus pensamientos… tal vez concentrada en lo que una vez había sido, y por su forma alocada de vivir nunca volvería a ser… menos ahora, que no mostraba sentimiento alguno. Pensó que sus secretos, sus preocupaciones personales, su miedo a la muerte, jamás lo compartía con ella… Se había transformado en sus veintitantos años en una anciana con la piel, que antaño fue tersa y rozagante ahora era áspera y cubierta de escoriaciones, mientras su rostro se mostraba marchito y la tez carente de vida, donde sus ojos otrora grandes y sexuales, parecían más pequeños, hundidos y amarillentos.

Al verla sintió una desgarradora compasión, como un calambre que le recorría todo su cuerpo, e incluso una especie de repulsión, esa era…. su niña-mujer, a quien amaba más que a nadie en la vida, a pesar que bien sabía que nunca se había comportado como una verdadera madre, que muchas cosas le había exigido e incluso obligado a hacer en contra de la voluntad de la hija… cuyo rostro, su voz y su forma de reír estaban enraizados en sus mejores recuerdos…

Mientras la madre avanzaba a su encuentro, Xenia sumida en su tristeza, veía como los días se sucedían con una lentitud nada comparable a la rapidez que vendría después… se sabía incapaz de enfrentarse con resignación a la muerte que la acechaba, nunca como ahora, tan inminente… tan cercana a sumirla en la terrible intimidad de la verdadera oscuridad. Si en la noche perdía continuamente el sueño y se paseaba de un lado a otro como una gata enjaulada, en el día no se concentraba en nada al sentir como la gravedad de su enfermedad le daba alcance. Nadie se imaginaba siquiera lo que era contabilizar su propia existencia con cada salida del sol. Todas las mañanas se despertaba, sorprendida de poder ver otro amanecer… pero pronto no se preocuparía por otra mañana…

Cortarse las muñecas habría sido una buena decisión. Recordó que más de una vez había pensado en emplear ese método que utilizan la mayoría de las mujeres deprimidas para escapar del suplicio en que vivían. Sin embargo, de alguien había oído decir que: “….es la forma menos efectiva del suicidio, pues menos del cinco por ciento de las que lo intenta, lo logran”… y como no creía aun estar lo suficientemente deprimida para decidirse de plano había desechado la idea. A pesar de que su cerebro continuaba funcionando en un estado febril, ante lo inevitable del avance de su enfermedad, una y otra vez reflexionaba en cómo quitarse la vida, y mientras sentía que el corazón como un martilleo continuo le golpeaba las costillas tratando de escapar de su encierro, ella por su parte trataba de ofrecer una fachada impenetrable, aunque mayormente no lo lograba…

En ese instante melancólico Xenia se percató de que por el corredor de la Sala, conducida por una enfermera su madre se acercaba, para encontrarla, sin sus espejuelos habituales para ver de cerca… sin ellos parecía aún más indefensa. Estaba pálida y ojerosa, y no se parecía en nada a la bella niña-mujer del pasado.

— ¿Qué haces por aquí? Preguntó la internada, con una mezcla de sobresalto e indolencia, mientras bullían en su cabeza los más diversos pensamientos…

…mi madre siempre fue muy egoísta conmigo, siempre tuvo el concepto equivocado de que yo era algo así como una póliza de seguro para su vejez… una inversión segura… además de estar convencida de que la vida no tiene otro sentido que el disfrute sexual… O disfrutabas la vida o sufres durante toda tu existencia. Repetía en silencio las palabras de su madre… pero para disfrutarla tienes que conocerte bien y cuidarte mucho, para no asumir riesgos desagradables… mírenme hoy, el caso que le hice… por no cuidarme y no usar condones estoy aquí… soy el resultado de mis descuidos, no por gusto algunos han dicho: “…que la vida tiene tendencia a la caída, no a permanecer de pie o remontar el vuelo, ni siquiera a mantenerse sentada, sino a caer con tanta dureza”. Como he caído yo… Volvió a aquel instante, se levantó para recibirla y dulcemente agregó…

—No te esperaba hoy.

La madre se acercó a ella y la saludó con una leve inclinación de cabeza. Jamás un beso. Pensó. Menos ahora que se sentía repulsiva en su estado. No recordaba que su madre le hubiese dicho que la quería ni una sola vez en la vida, ni que le hubiese dedicado una palabra cariñosa desde que nació, solo continuos regaños y azotes desde su más temprana edad …regañarla y pegarle, fueron sus métodos de enseñanza…

—Tu médico me telefoneó y me comentó que necesitabas a alguien con quien conversar, que estabas muy deprimida. Contestó de inmediato la madre, justificando su presencia… y dije ¡Quién mejor que yo!

Vio como los ojos de su hija se llenaron súbitamente de lágrimas lo que motivó que la abrazara contra su pecho, olvidando el rechazo que le había mostrado durante las últimas visitas que hiciera al reclusorio… pero en lugar de rencor, sintió lastima. Esperó a que la enfermera se marchara y luego se sentó en la cama junto a su hija, con el cuerpo inclinado hacia delante, y con las manos entre las rodillas, imitando la postura que instantes antes cuando llegó mantenía Xenia, al tiempo que sacaba de su cartera un pañuelo y se lo ofrecía para que secase sus lágrimas. También sacó un paquete de cigarrillos.

— ¿Puedo fumar? Preguntó. La joven asintió con la cabeza y apuntó. Me prendes uno…

Bien sabía ella que la nicotina elevaría la presión arterial y aceleraría el pulso de su hija y en general obligaría a su debilitado corazón realizar un sobre esfuerzo mayor, pero a pesar de ello actuaría también como un estimulante de su sistema nervioso central. Hay que fumar durante años para darse cuenta del daño que se le hace al organismo. Dijo para sí. Cuando eso ocurre, ya una está viciada y no puede dejarlo… No obstante pensó que no era el momento de valorar, si era correcto o no que la paciente fumara, por lo que de inmediato encendió dos cigarros y le extendió uno a su hija… esta lo llevó a sus labios, con denotado desespero, absorbió el humo y sintió alivio…

—No tenemos mucho tiempo para hablar, solo lo esencial, pues mi alma tiene prisa. Le expresó Xenia a su madre, a través de la nube azulada que la envolvía. La conversación que se desarrolló entre madre e hija al principio no abordó un tema determinado pues Xenia se sentía incapaz de poder mantener un dialogo coherente sobre un asunto en particular. Pasado unos instantes, gracias a la pregunta hecha por su madre, en relación a su último “marido”, la conversación de pronto giró en un sólo sentido… el pasado de la niña- mujer.

—El al principio me adoraba. Apuntó Xenia en un susurro casi inaudible para la visitante. Acto seguido se enojó y levantó su voz para decir. Pero el muy “singao” con el tiempo se aburrió, pese a todas las cosas que yo le hacía, como nadie…

En realidad el “gallego” —como ambas le decían al referirse a él—, a pesar de mantener una destacada vida social con otros inversionistas, con el tiempo comenzó a excluir a Xenia de sus actividades, sólo se acordaba de ella cuando participaba con estos en alguna orgía. Si le agregamos, que en aquellos momentos, las relaciones comerciales entre Cuba y España se habían tornado algo tensas, y que trajo entre otras consecuencias que se recortaran los contratos entre las empresas privadas españolas y el gobierno de Castro, es fácil comprender por qué ya la presencia de su “marido” en la Isla no era tan necesaria, trayendo como resultara que este pasara más tiempo en España que en Cuba, de ahí el por qué del alejamiento del “gallego” con la niña-mujer.

— ¿Por qué lo calificas así Xenia? Preguntó a su hija, mientras hacía una inhalación profunda.

—Porque sí mami, porque eso es lo que siempre fue. Respondió tajantemente para agregar con decisión. Pero lo que nunca se pudo enterar es que desde el principio yo tampoco lo amé… todo fue puro interés… yo al que siempre amé, perdóname que te lo diga vieja, fue a aquel que tu sabes. Terminó diciendo Xenia.

Pese a que su hija la llamara así, no se consideraba una vieja. Apenas había cumplido cincuenta y cinco años, pero en realidad se sentía mucho mayor, y no dejaba de aparentarlo. Había conocido grandes padecimientos y la acumulación de disgustos, se completaban con los estragos de la edad.

Tenía el cabello plateado, y hacía mucho tiempo que había desistido de la caminata mensual para teñirse a una peluquería improvisada en una ciudadela del barrio, a la par que de las comisuras de sus ojos arrancaban como cicatrices unas arrugas horizontales, réplicas de otras similares que poblaban su frente. No era ajena a como se le habían formado, ya que de vez en cuando al mirarse en el espejo o ver su reflejo en el escaparate de una tienda, descubría por sorpresa una mueca de dolor en su rostro y cuando se le transformaba la expresión de la cara, las arrugas se notaban más profundas…

—Es muy probable que no puedas evaluar bien tus preferencias en este momento, pero cuando te hagas tan vieja como dices que soy yo, serás sincera… al menos contigo misma, pero te aclaro algo… ese fue un hijo de puta también… así que ni me lo menciones. Exclamó la madre visiblemente indignada por los recuerdos, para acto seguido agregar. Debe estar en este momento achicharrándose en el Infierno, por toda la mierda que hizo.

—La que hicimos los tres, vieja. Apuntó Xenia… eso fue un “extremo”. Y continuó. Es allí donde dentro de poco, va a ir a parar también tu hija… a encontrarnos de nuevo y a esperarte a ti cuando los Orishas te manden a buscar.

—Pa’lla, pa’lla…no digas eso mi’ja… que los Santos no te oigan. Acto seguido se levantó y fue hacia la ventana para lanzar la colilla hacia afuera. De improviso, el aire que entraba golpeó en su cara, lo notó dulce y limpio y olía ligeramente a “manigua”… respiró profundo, manteniéndose parada al lado de la misma, aunque al virarse en dirección a la cama donde se mantenía sentada su hija, sin preponérselo se introdujo de nuevo en la irrespirable atmósfera de la Sala …

—Pero sígueme hablándome del “gallego”… aunque él tenía sus cosas, me caía bien…

—Como coño no te iba a caer bien ¡No jodas mamá! Exclamó Xenia mientras apagaba su propio cigarrillo aplastándolo con su pie contra el suelo y le pedía a su madre que le alcanzara un vaso de agua para beber, situado en una pequeña mesa de hierro galvanizado, directamente bajo la ventana, al lado de su cama.

—Gracias mami… Dijo casi intuitivamente y continuó. ¡Sí! Gracias a mí, a tu hija “extrema”… te mantuvo, te vistió, te calzó, te dio de comer y al final te resolvió una casa ¿Querías más? ¿No era eso lo que querías?… Pues lo lograste. Bien que lo lograste…

—Es mucha verdad lo que dices Xenia. Apuntó la madre, denotando al menos aparentemente ante su hija estar arrepentida, mientras se sentaba de nuevo a su lado, al borde de la cama, para de inmediato agregar. En realidad, gracias al “gaito” pudimos “escapar” de aquella mierda en donde vivíamos. Pero hablemos de otra cosa ¿Quieres?

— ¿Sabes como llaman ahora en el barrio al solar donde nosotros vivíamos? Preguntó a su hija, tratando de llevar la conversación a otros derroteros, lográndolo al menos por unos minutos.

—No mamá… como voy a saberlo, si hace mucho tiempo que estoy encerrada aquí y no me entero de nada. Apuntó la hija con marcada tristeza.

—Pues para que te caigas pa’tras… le dicen “La península”

— ¿Y eso por qué? Preguntó intrigada Xenia.

— ¿No te lo imaginas mi’ja?… Interrogó la madre y sin esperar alguna respuesta de esta apuntó. Pues porque todas las jóvenes cubanas de allí terminaron viviendo con españoles…

—Hasta aquella rubia, que se hacia la fina… ¿Verdad?… Admitió la niña-mujer, a la par que sonreía.

—Como sabes, la muy zorra se casó también con un “gallego”… Afirmó la visitante…

—Entonces también se convirtió en “jinetera”

—Como decía esa vieja loca de su madre, cuando hablaba de ti…

— ¿Te acuerdas mami? Preguntó la hija, quien consiguió reprimir una carcajada.

—Como no me voy a acordar de ella y de su jodía cantaleta. Dijo rápidamente y sonrió también.

— ¿Dónde anda esa vieja loca?… Inquirió Xenia.

—Está viviendo con su hija… Aseveró la madre…Creo que por allá por Centro Habana, creo… pero está loca de remate… he oído decir que la van a internar en un asilo, porque está muy mal…

—Pero volviendo al tema de mí felicidad… según tú, de la que tuve con el “gallego”… es que la felicidad dura poco en casa del pobre, mami. Agregó Xenia con cierta ironía ¿No es así? Para nuevamente retomar la conversación que había comenzado momentos antes…

—Un día me di cuenta que lo que él hacía era utilizarme…para que te desayunes… nunca antes te lo había dicho. Me presentaba como su joven puta cubana…yo lo sorprendí una vez cuando hablaba con otros españoles al decir refiriéndose a mí, su “jinetera”… fue entonces que me acordé de ti… cuando me lo presentaste ¿Te acuerdas?… tu bien sabías, quién era el “gaito”… me jodió… yo supe con el tiempo, que me jodió… me entregaste a ese hijo puta. ¿Sabes acaso todo lo que pasó tu hija a su lado?

Aprovechando que su hija le extendió el vaso —después de haber tomado un sorbo de agua—, para que lo depositara en la mesita, estuvo en silencio por un instante… mientras ella le hacía la pregunta se recordó de lo que había pasado en torno a la supuesta aventura de Xenia con el “gallego”, aunque no se acordaba bien si su hija fue consciente o no de la trama… y sobre todo del papel destacado que había jugado ella en la consecución de esa “unión” marital entre ellos… de pronto volvió a realidad cuando la niña-mujer hubo de preguntarle…

— ¿Sabes lo que hace ese cabrón ahora? Preguntó esta súbitamente, refiriéndose al “gallego”. ‘

—Lo último que supe de él. Comenzó contando la madre a la hija. Es que el “patrón” de su yate, intentó huir con una “jinetera”, pero fracasaron. Ella que no era ninguna comemierda… como tú le dejaste libre el camino, al dejarlo. Indicó la madre tratando culpar a la niña-mujer por su separación con el “gallego”… vivió de él y para él…

—Como antes habíamos hecho nosotras mamá. Interrumpió Xenia a su madre ¿O es que ya se te olvidó?…

—Bueno está bien… pero no me interrumpas, si quieres saber lo que ha pasado en tu ausencia y continuó. Después se aprovecharía de uno de sus empleados, el “patrón” de su yate, en quien vio una apreciable ayuda en la posible “fuga” que estaba planeando y que la llevaría a “tierras de libertad”… aunque fracasaron en su intento, supo hábilmente campear la “jodienda” que generó dicha salida ilegal. Tomó aire y continuó. Ahora la muy “cabrona” ve de nuevo abierto su horizonte, con la reclamación de el hermano que tiene allá en la “Yuma”, que se hizo ciudadano americano… ya está esperando por la entrevista en la Oficina de Intereses para irse definitivamente…

—Que suerte, la muy hija de puta. Apuntó Xenia.

La mujer a quien se refería, en honor a la verdad había aprovechado mejor que ella todas las oportunidades que la vida le había puesto en su camino. Primero “vaciló” la vida junto al “gallego”, después intentó irse en una lancha, la cogieron, dijo mil mentiras para librarse de unas “vacaciones” en la cárcel, ahora esperaba por largarse por vía legal.

— ¿Has sabido algo más de ellos? Preguntó Xenia y al respecto apuntó. Porque según, creo que tú misma me dijiste, siguió con él ¿No?

—Después de aquello. Comenzó contándole a la hija. Lo que pasó fue que el “gaito” al enterarse de lo ocurrido lo despidió y le dijo, que no quería saber más nada de ninguno de los dos… además no quería tener más líos con las autoridades cubanas… pues, como tú sabes en aquellos momentos se daban muchas fugas y secuestros de embarcaciones… respecto al yate aunque quedó bastante jodido, se logró reparar en España y lo vendió…

—Pero tengo entendido que un tiempo después, volvió a trabajar con él. Indagó Xenia al sentir cierta curiosidad.

—Eso no es verdad… Aclaró la madre y acto seguido apuntó. El “negro” lo que trató, fue de verlo en varias ocasiones para que lo perdonara. Continuó explicándole a su hija sobre lo que sabía del sujeto. Yo creo incluso que se metió alguna plata por la salida ilegal… después se convirtió en un ladrón… robaba de todo, disfrutando en hacerlo y corría cualquier riesgo…no le importaba nada, ni aunque cayese preso… decía que la cárcel fue hecha para los hombres y que al mismo tiempo formaba parte de la profesión… ya ha estado en “cana” en tres ocasiones y creo que ahora mismo está en “El Combinado”.

—Bueno, el siempre fue un delincuente mami. Xenia hizo una pausa y agregó… como yo.

— ¡No digas eso! Que tú no eres ninguna delincuente.

— ¡Ah no! ¿Y qué soy entonces? Una prostituta jubilada ¿O las dos cosas juntas? ¡No me jodas mamá! Tu bien conoces mi historia… eso es lo que soy… y la culpa toda la has tenido tu ¡Óyelo bien! Tú eres la única culpable, de mi vida “extrema” y desordenada….

—Ahora resulta que tengo la culpa de todo lo malo que te ha pasado, bien te dije que te cuidaras ¡Bien que gozaste de la vida!… pero gracias a mi. Dijo la madre visiblemente enojada con su hija…

— ¡Gozar de qué coño mamá! Mira los resultados. En verdad pienso que mi vida ha sido una mierda… aunque me esfuerzo por creer que existe otra mejor, mucho más justa con quienes como yo apenas le quedan oportunidades aquí en esta… cuento diariamente el tiempo que me queda por vivir, y creo que es menos que el que viví junto a ese hijo de puta…

— No hables así mi‘ja, que un pensamiento negativo atrae la mala suerte. Expresó la madre…

— La mala suerte me ha acompañado toda la vida mamá. Respondió Xenia de inmediato y comenzó a narrar parte de su historia.

… la verdad es que yo mama quería tener una vida feliz, normal… pero mi padre había muerto cuando todavía era una niña, y según tú la difícil situación económica en que vivíamos era muy jodía y se había empeorado más aún con su muerte y cantabas a los “cuatro vientos” que era necesario hacer cualquier cosa para vivir. Se detuvo, se enjuagó una lágrima que corría por su rostro y prosiguió con la mirada fija en la autora de sus días.

… mi vida “extrema” como siempre has nombrado a mi existencia… a lo que yo agrego de “delincuenta” y prostituta, comenzó muy temprano… cuando iba al colegio, donde a falta de no contar con lo imprescindible para una estudiante cualquiera comencé a robar los lápices, gomas, cuadernos y cuanto dejaban olvidadas mis compañeras… siendo después adolescente, contigo y con mi padrastro. No me mires así… con quienes “aprendí” a robar de verdad, como toda una profesional… tenía que ser “perfecta, ya que si no lo hacía bien me castigaban. Se detuvo en su relato e inquirió de su madre con la siguiente pregunta.

— ¿Te recuerdas como me obligaste a trabajar como sirvienta?, más bien como una puta en domicilio, alegando que ustedes dos no me iban a mantenerme, que yo tenía también que “partirme” el lomo, para salir de aquella miseria, que no era tal, pues tu tenias todo lo que ambicionabas y que mi padrastro te lo “resolvía”… no sé si sabías que allí me golpeaban, me mataban de hambre y el señorito de la casa… primero él y después su padre abusaban de mi cuando le venían las ganas…

—No digas más. Suplicó la madre. Pero la niña-mujer continuó en su descarga. Ya no era ella sola la que lloraba…

… cuando la señora de la casa descubrió que estaba embarazada… no sabría decirte de cuál de ellos, me echó de su hogar y yo incapaz de mantenerme sola… gracias a la “ayuda” de ustedes, aborté a mi hijo… pero como ya sabía muy bien lo que hacer con ese cuerpo que tenía entonces, me vengué con tu hombre… con mi padrastro… y usando mis “extremos”, me convertí en una prostituta, con solo quince años. ¿Te acuerdas mamá? Lo realizada que te sentiste, al tener una hija “jinetera” que cuando él cayó preso comenzó a traer “fulas” a la casa…

—Si mi’ja, tienes razón en todo. Siempre he sido una mala madre y como veía en tu belleza la solución de nuestros problemas no impedí esas relaciones, sino que buscaba para ti a alguien que pudiera tenerte como una Diosa, que era lo que a mi entender tu merecías. Perdóname, si es que puedes…

— De hecho, ya hace mucho que te perdone mamá… pero como te iba diciendo. Volvió Xenia a conducir la conversación, tratando de continuar molestando a su madre… recordé que sólo me había sentido espléndida, admirada, en aquellos días en que me acostaba con mi padrastro… el muy “singao” también, se portó muy mal… como todos los machos que me hiciste conocer y que ahora me has hecho tu recordar a todos ellos cuando hablaba de mi niñez y mi adolescencia.

Era más bien el pasado, al lado de su padrastro, lo que al parecer ahora recluida en el Hospital la seducía de algún modo. Algo de aquel tiempo, tal vez solo su juventud le inspiraba curiosidad, la enajenante sensación que le causaba el pensar en lo recorrido hasta el presente, la diversidad de hombres con los que estuvo en su agitada vida, sin protegerse como debía haberlo hecho… que en un final había sido la causa de que ahora estuviera en aquella situación…

—Te suplico… por favor mi’ja que cambiemos de tema… porque no creo que te haga bien seguir martirizándote con recordar el pasado.

— ¿Por qué no? Que otra cosa me queda ya… si el pasado con sus problemas fue lo mejor que tuve… mi presente es aquí en este maldito Hospital, sufrido la enfermedad que me corroe en silencio por esa vida tan liberal que he llevado… y el futuro más temprano que tarde mami, es la muerte….

—No me vayas a decir que con el “gaito” tú no te sentiste a plenitud también… ¡Mira no me jodas! Trataba la madre de inclinar algo la balanza a su favor,

—Volviendo a lo que ya dije, y lo repetiré cuantas veces sea necesario… fue con mi padrastro con el que si me sentí a plenitud…Hizo una pausa y después valorando que se había extralimitado le dijo a su madre. Perdóname, tienes razón, es mejor no seguir hablando de él… tú lo querías también, esa es la realidad. Es que la felicidad al lado del “gallego” sólo me duró apenas unos años. Apuntó la hija y esperó por la madre, pues sabía de antemano que su comentario provocaría una reacción por parte de ella…

— ¿Por qué hablas así? Inquirió intrigada. No te entiendo… porque aunque la unión de ustedes duro lo que “un merengue en la puerta de un colegio”, te diste la gran vida tanto aquí como en España, o es que ya se te fue eso de la cabeza… y le cogiste una casa y todo.

—Claro como yo no soy ninguna come mierda arreglé con un abogado para quedarme con la casa cuando nos separamos… Señaló la niña-mujer, y agregó. Para que no te coja desprevenida… el muy hijo de puta llegó a proponerme que me acostara con sus amigos, para que supieran lo rico que yo lo hacía… esa a fue la gota que colmó el vaso.

—Al parecer se quería cobrar lo que había invertido en ti. Afirmó la madre, y se propuso averiguar algo más de quien había sido su yerno ¿El muy cabrón te pegó en algún momento?…

—Claro que me pegaba… y también abusaba de mí, me forzaba, cuando yo no quería hacerlo… hasta que lo saque de mi vida para siempre. Comentó con gran indignación Xenia al recordar los últimos tiempos al lado del “gallego”.

—A mi juicio lo que debías haber hecho era aguantarte. Le aclaró la madre para de inmediato culparla de su proceder, una vez más. Por haberlo dejado es que estas aquí ahora…

— ¡Qué coño querías que hiciera! Repostó agresivamente Xenia, indignada con su madre… que templara con todos los que él quisiera.

—Total, si de todas maneras lo dejaste y volviste a “jinetear”. Le reprochó lo cual motivó una nueva discusión entre ambas, esta vez mucho más acalorada…

—Si pero me acostaba con quien me diera la gana. Insistió Xenia para después aclararle. No con el que tú me empujaras…

—Que bueno…hasta que algún hijo de puta te infestó… Claro, como no te cuidaste… como en cualquier lugar que te entran ganas, ahí mismo te encueras y a templar. Se atrevió a afirmar la madre de Xenia, provocando un cambio en la niña-mujer, quien indignada repostó…

—Y como lo iba a saber, vieja… ningún hombre tiene en la frente un cartelito que dice que tiene SIDA… además nunca me he reprimido… y no iba a empezar a hacerlo después de tanto tiempo en el “oficio”… soy muy calentita mami, y a los hombres no se les puede hacer esperar, y algunos no quieren ponerse esa cosa de nylon… ¿Acaso tú no hacías lo mismo con mi padrastro?…varios legrados tuviste que hacerte, o ¿No te acuerdas?…

—Pero en ese tiempo no había SIDA.

—Pero había condones vieja… y por poquito las dos parimos hijos… del mismo padre… ¿Te imaginas? Coño que relajo. Rió Xenia, y la madre se sumó al recuerdo… hasta llorar ambas de la risa. Pero tan pronto como llegó la risa, se fue y vino el llanto, que hizo cambiar no solo su semblante sino también su pensamiento que se enmarcó en su cruel presente.

—Mamá me estoy muriendo. Susurró la niña-mujer mientras sus lágrimas ahora corrían por todo su rostro. Por culpa de esta vida que estoy llevando y que yo soy la única culpable…

Ella aunque trato de decir algo a fin de aliviar el pesar, que al hablar de la muerte inminente de su hija le producía, no pudo contener el llanto y lloró, compartiendo su desdicha…

—No te vayas mamá… fue lo último que en apenas un susurro, le escuchó decir…

…días después, bajo una pertinaz llovizna, partió el cortejo fúnebre hacia el Cementerio de Colón, situado en plena Habana… allí en tierra comunal, pues carecía la familia de un panteón donde enterrarla, fue depositado el ataúd de aquella niña-mujer que contenía los restos mortales de quien en vida fuera, no mucho más que una humilde y “extrema” devota sexual con sus aberraciones y sus descuidos… solo una rosa roja fue arrojada sobre el féretro antes de que lo introdujeran en la bóveda asignada, la madre se arrodilló y pidió a sus Santos por el descanso del alma de su única hija…

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