Desde Suecia: El concepto de prostitución está sobre el tapete


Por Jose Luís Ramirez
erfak@bredband.net

En Suecia se considera que el que compra sexo es criminal y quien lo vende una víctima. No se trata de mujeres explotadas por chulos y piratas, sino de “libres” vendedoras de sexo. (OJO: también hay más-culinos que se alquilan). La discusión sueca implica un barullo conceptual tremendo. De un lado se criminaliza sólo a quien compra. Al revés de lo que sucede cuando la venta es droga. En segundo lugar se conciben de modo totalmente unívoco los motivos de la venta y de la compra. Ni siquiera se comparan ciertos servicios sexuales con los servicios de atención a otros problemas fisiológicos. Algunas prostitutas consideran que hacen una labor humanitaria para quienes no tienen acceso a otro desahogo sexual. Recordemos al famoso poeta Fröding con su poema:

“Jag köpte min kärlek för pengar:
för mig var ej annat at få…”
Mi amor por dinero he comprado
porque otro no pude alcanzar…

Habrá que borrar a Fröding de los libros de texto de literatura sueca. Otro problema del sistema sueco (impuesto naturalmente por un feminismo que imita al machismo) es el reducir el concepto de venta de sexo a la compra explícita. Si un señor invita a una joven a hacer un viaje, si un jefe ofrece favores a su secretaria (a cambio de su “accesibilidad sexual”) e incluso si una joven se casa con un viejo millonario (hay muchos matrimonios por dinero), todo eso ya no tiene nada que ver con el sexo. Y si hay prostitutas que no se consideran explotadas, que tienen organizada su venta de sexo de manera perfectamente controlable (higiénica, sanitaria y contributiva de impuestos) todo eso no cuenta. La ley de sexo sueca es un batiburrillo fenomenal, que sólo puede originar nuevos problemas. El mezclar la ley con la moral y con los intereses de una clase social siempre es problemático. No se trata de defender ni de atacar la prostitución libre, sino de regular legalmente lo que realmente se puede definir y discernir. Pues sin discernimiento sólo hay dictadura. Hay muchas maneras de prostituirse y de dejarse utilizar o de prostituir y utilizar. Una sociedad vigilante necesita exactitud jurídica, que es lo que exige el principio de “in dubio pro reo”. Lo que no sea absolutamente demostrable no se condena. La ley de “compra de sexo” (como la denominan, sin siquiera usar el término “prostitución”) supone hacer uso de prejuicios morales disfrazándolos bajo una imagen de la ilegalidad. Hay muchas cosas susceptibles de crítica que no son perseguibles por la ley. Solamente las dictaduras elevan a la categoría legal la opinión acerca de la conducta privada. Es difícil separar la acción individual de su influencia en la normalidad social. Por eso existe lo que se llama jurisprudencia. La ley sueca de condena de venta de sexo es un ejemplo de “juri-imprudencia”.

El problema de Suecia es lo de siempre: Suecia se cree que es el mejor país del mundo y que todo lo que se legisla
aquí es lo correcto. Suecia trata de imponer su criterio en lo que se debe y en lo que no se debe legislar. Si los suecos tienen problemas alcohólicos, opinan que hay que introducir la restricción del uso del alcohol en todos los países europeos. En España no tuvimos nunca esos problemas con el alcohol. Un sueco “normal” no puede abrir una botella de vino sin agotarla. El hispano conserva media botella de anís de una Navidad a la siguiente. Para el sueco
“normal y normativo” o se es alcoholista o se es abstemio. El problema con el alcohol recuerda al problema del español con el sexo. Pasarlo bien para un sueco es emborracharse, para un hispano el fornicar. Las costumbres se están, sin embargo, internacionalizando en esta época de “globalización y de “lobalización”. Lo que hace falta más que nunca es discernimiento entre lo que puede y debe prohibirse y lo que no es lícito prohibir, aun cuando no nos guste.
Ahora bien: ¿no es verdad que un sector de la prostitución se debe a que algunas jóvenes caen en el vicio de la droga o en una situación económica que les hace buscar ingresos por un conducto corporal inferior al del cerebro? Cierto. Pero no se resuelven problemas sociales de una parte atacando a la contraria. Que hace falta ayuda y
atención social y que debe combatirse la prostitución antisocial por medio de medidas de ayuda (exactamente lo que se hace con quien ha adquirido un vicio criminal o perjudicial para él mismo) es claro. Tenemos sistemas de rehabilitación. Pero no se rehabilita a un vendedor necesitado simplemente persiguiendo al comprador. Incitar a
la compra es, en ese caso, también un delito. Y según la ley, el que comete un delito por problemas personales es sometido a rehabilitación, mientras que el malvado es condenado a prisión normal. La única criminalidad de abuso sexual es la del que obliga a una persona o a un grupo a actividades sexuales contra su voluntad.
Lo cual supone (en el caso de la prostitución como negocio empresarial) un tercero que es el criminal auténtico: el hallick o chulo. En un caso de venta entre dos el principal delincuente (el incitador) es el que vende, aun que el que compre también se haga cómplice del hecho. Por dilucidar está, sin embargo: ¿qué es la prostitución? La persecución de la actividad callejera ha creado todo un sistema de comunicación telefónica y electrónica.

JLR

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