Recuerdos de Budapest (tercera parte)

El Puente de la Libertad.

París 6 de julio de 2011.

Querida Ofelia:

Como cada mañana al salir de paseo desde el hotel, vimos al ”alpinista” que limpiaba los cristales de las ventanas del inmueble de al lado. Hay oficios para los cuales hay que tener valor y destreza.

Comenzamos por deambular por el Mercado Central. Su construcción en ladrillos de estilo neogótico y sus techos cubiertos por mosaicos le dan el aspecto de una de las grandes estaciones de ferrocarriles europeas del siglo XIX. Los mostradores llenos de: frutas, vegetales, carnes, pescados, mariscos, etc., entre los cuales se desplazaban señoras húngaras con bolsas o carritos, le daban un delicioso aspecto popular. En el primer piso hay varios bares, restaurantes y cafés, así como las tiendas de ropa de cama, cortinas, tapetes y manteles bordados, a precios excelentes.

En la planta baja del Magyar Nemzeti Muzeum (Museo Nacional Húngaro), se puede admirar la capa de seda púrpura de la coronación del rey San Esteban I y de su esposa. En el primer piso, de forma cronológica, se pueden ver una multitud de: mapas, planos, cuadros obras de arte, objetos de la vida cotidiana, armas, ropas, muebles, etc. Ayudan a comprender los grandes momentos históricos del país, desde la época de las primitivas tribus de los magiares hasta la funesta etapa comunista.

Son muy interesantes las salas que muestran el drama del pueblo húngaro bajo la dictadura de Miklos Horthy, aliado de Hitler, el que permitió los numerosos crímenes cometidos por los grupos nazis húngaros. También los documentos a propósito de la represión sangrienta organizada por Matyas Akosi durante El Terror Rojo a lo largo de los años cincuenta; la implacable represión de 1956 contra la sublevación del pueblo que deseaba desalojar a los comunistas del poder. (Es necesario recordar que el actual presidente italiano Giorgio Napolitano, como miembro del Partido Comunista Italiano en 1956, justificó la invasión soviética a Budapest). Son emocionantes las fotos, documentos y vídeos sobre la caída del comunismo y la proclamación de la República Húngara el 23 de octubre de 1990.

Pasamos sobe el Danubio por El Puente de la Libertad (Szabadsag hid). Es uno de los puentes más bellos de la ciudad; tiene 331 metros de largo y es obra de tres arquitectos húngaros. Fue inaugurado por el emperador Francisco José en 1896. Destruido como todos los demás por los alemanes durante la ocupación, fue reconstruido e inaugurado de nuevo en 1946. El turul, ave mítica, decora las agujas de los arcos y columnas del puente, así como la Santa Corona de San Esteban.

Llegamos al lujoso Hotel Gellért, el cual consta de: un complejo de piscinas termales, centro de masajes tailandeses, gabinetes dentales (mucho más económicos que en Europa Occidental), restaurantes, bares, cafés, jardines, terrazas, vestíbulos y corredores que lo califican como el Palace mítico por excelencia de Budapest.

Frente a la entrada de las piscinas, al pie del Monte Gellért, se encuentra la Capilla de la Gruta (Sziklakapolna). Después de pasar por la gran reja que protege su entrada, pudimos desplazarnos por diversas capillas dentro de la gruta. Hay una dedicada a Polonia, en ella se encuentra el águila polaca y una reproducción de la célebre Virgen Negra de Czêstochowa.

Comenzamos a subir el Monte Gellért rumbo a La Ciudadela. El lugar fue punto de reunión de brujas durante la época medieval y donde se celebraban las diabólicas “misas” negras. Llegamos al monumento de bronce de San Gerardo (obra del escultor Gyula Jankovits, 1904). El santo fue el primer obispo de Csanád en 1030. Durante el reino de San Esteban I fue llamado a su monasterio de San Jorge en Venecia, para que fuera el preceptor del heredero al trono, el príncipe Imre. Él evangelizó y convirtió al cristianismo a muchos paganos. Fue martirizado en 1046 durante la revolución de los paganos y lanzado al Danubio desde allí, encerrado en un barril.

Estatua de San Gerardo en el Monte Gellért.

Al pie del monumento tres pícaros trataban de timar a los turistas que pasaban, con el juego de las bolitas y los tres vasos boca abajo. Uno hacía mover las bolitas y los otros dos apostaban y ganaban siempre. Nos invitaron a jugar, les respondí que yo conocía el timo. El que movía las bolitas me respondió con una grosería en inglés. Me limité a sonreír y a desearle en francés buena suerte con los ingenuos. Entonces otro de ellos nos dijo: « tenían que ser franceses y… » ¡Continuó con insultos en inglés contra nuestro presidente!

Llegamos hasta el Monumento a la “Liberación”. Sobre un pedestal de roca calcárea, se encuentra la estatua de 14 metros de una mujer con sus brazos alzados sosteniendo una palma que parece ofrecer al cielo. El monumento fue erigido en 1947 como recordación de la “liberación” de Budapest por los soldados soviéticos. A sus pies dos esculturas representan El Progreso y La lucha del bien contra el mal. Desde su base la vista sobre toda la ciudad es espectacular. Después de un largo debate al regreso de la Libertad, se decidió no destruir el monumento, pues forma parte de la estética de Budapest.

Monumento a la “Liberación” de Budapest por parte de los soldados soviéticos.

El monumento forma parte de La Ciudadela, que fue construida en 1851 por orden del emperador Francisco José. Después de entrar por una estrecha puerta se desciende por una escalera de hierro y se puede recorrer un verdadero laberinto de túneles donde resistieron los soldados nazis los bombardeos y desde donde dominaban toda la capital húngara durante la Segunda Guerra Mundial. En muchas zonas están representadas escenas con muebles, armas y figuras de cera uniformadas, parte de la historia que se desarrolló allí. Incluso se pueden ver a lo largo de los pasillos una colección de carteles de propaganda dirigidos a los jóvenes alemanes, para reclutarlos como soldados de las tristemente célebres SS.

En el l bunker nazi de La Ciudadela de Budapest.

La tienda de souvenirs ofrece un amplísimo surtido de objetos que pertenecieron a la época comunista: medallas, diplomas, uniformes, gorras, cantimploras, fotos, diplomas, llaveros, relojes, bustos le Lenin, Marx, Engels, matrioskas con las figuras de todos los dictadores comunistas, etc. Compré la matrioska de Fidel Castro. Me percaté que a la bandera cubana le faltaba la estrella y que Castro no estaba representado en la pieza más pequeña. Le pregunté al empleado si no era un error y me respondió sonriendo: “puede ser una especie de supositorio patriótico para Castro”.

Souvenir de La Ciudadela de Budapest.

Me quedan apuntes para escribirte aún dos cartas sobre nuestras vacaciones en Budapest. Lo haré en cuanto tenga un momento disponible.

Recibe todo mi cariño desde La Ciudad luz,

Félix José Hernández.

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