Recuerdo de Budapest (primera parte)

Parlamento de Budapest.


París, 1 de julio de 2011.

Querida Ofelia:

Cada viaje a Budapest nos ha dejado recuerdos imborrables, pues es una de las ciudades más majestuosas que hemos recorrido. Comenzaré por contaré hoy  la visita al Parlamento.

Fue en la Plaza  Kossuth Lajos tér, en donde se reunió una inmensa muchedumbre el 23 de octubre de 1989 para celebrar la proclamación de la República Húngara.  Lajos Kossuth fue uno de los jefes de la Guerra de Independencia de 1848-1849. Frente a él, se encuentra en los jardines del Parlamento la estatua de Ferenc Rakoczi II, héroe de la guerra de 1703-1711 contra los Hansburgos.

El Parlamento parece una gigantesca catedral neogótica (1885-1902). Ochenta y ocho estatuas que representan a reyes, príncipes y grandes héroes militares decoran su espectacular fachada. Actualmente en ese enorme edificio tienen la sede el Gobierno, la Presidencia de la República y El Congreso.

Hicimos una larga fila para comprar los billetes para las visitas que eran guiadas. Cada día hay tres en español, inglés e italiano y sólo una en francés.  Delante de nosotros había una señora francesa que discutió con la empleada de la taquilla pues no comprendía lo que catalogó de  discriminación contra los que hablan la lengua de Molière. La empleada se encogió de hombres y le dijo en inglés: “señora escoja la visita en otro idioma”. La enfurecida gala le respondió: “no tengo por qué hacer una visita en otra lengua que no sea la mía”. Finalmente aceptó el billete, que era gratuito para todos los ciudadanos de la Unión Europea, y se fue muy molesta. Pero lo de la otra señora fue peor, pues era de Serbia y la empleada le dijo: “usted debe pagar, pues no es europea”. Ante lo cual, la señora procedente de la ex Yugoslavia se incomodó pues lo tomó como una ofensa. La empleada le repitió: “señora los europeos son los ciudadanos de la Unión Europea, usted según su pasaporte es serbia, no es europea”. Era una escena surrealista, pues la señora defendía la situación geográfica de su país y la taquillera la situación política. Cuando llegó mi turno de nuevo hubo un enredo, pues le pregunté a qué horas eran las visitas en cada lengua. Un poco incrédula  me preguntó: “¿Pero usted que lengua habla?” Le respondí: “las cuatro”. Así pude hacer la visita sólo un cuarto de hora después en italiano.

 

Joyas de la Corona expuestas en El Parlamento.


En la Sala de a Cúpula están expuestas las Joyas de la Corona. La Corona de San Esteban (siglo XI) fue devuelta por los EE.UU. en 1978. Se había trasladado a ese país para salvarla, durante la Segunda Guerra Mundial. La espada proviene de un taller de Venecia (siglo XVI). El Orbe sobre el cual se puede ver una cruz patriarcal tiene las armas de la casa de los Anjou (siglo XIV). El cetro de origen egipcio y húngaro es de plata y cristal de roca.

 

Ceniceros de puros habanos en bronce de los señores diputados.


Las  estatuas del Salón de los Diputados son alegorías de los principales oficios del comercio y la industria. La Sala del Congreso tiene forma de herradura, es de madera con decoraciones doradas. En los pasillos frente a sus puertas hay unos porta habanos en bronce numerados, para que los diputados los depositen allí antes de entrar a la sala. Cada diputado tiene asignado un número.De allí nos fuimos a uno de los llamados Bares de Ruinas, que son el equivalente de los paladares habaneros, en el patio de un viejo inmueble, donde almorzamos de una forma excelente por muy buen precio, con el placer de escuchar a un joven violinista que pudiera ser uno de los tantos graduados del Conservatorio que no encuentran otro trabajo.

 

La Fuente de Hermes.


Nos fuimos a pasear a la Plaza Vörösmarty tér, al centro de la cual se alza el monumento al poeta Mihaly Vörösmarty en mármol de Carrara. De allí bajamos por la concurrida calle de comercios  Vaci utca hasta la Fuente de Hermes, el mensajero de los dioses. Entramos en la impresionante Galería de París donde se combina el Art Nouveau con otros estilos, su cúpula de vitrales es impresionante. Desgraciadamente está sucia,  casi abandonada y varios marginales aparentemente bajo los efectos de las drogas deambulaban por sus pasillos. En la esquina se encuentra la Iglesia barroca de  los Franciscanos; su techo está decorado por frescos que tienen como tema la vida de la Virgen. Hay un puesto en un banco marcado como que era allí donde cada domingo el gran Franz Lizt se sentaba para asistir a la misa. Como yo soy muy fresco me senté en ese lugar (no estaba prohibido), así ahora puedo afirmar que Lizt y yo tenemos algo en común: el habernos sentado en el mismo lugar exacto en una iglesia de Budapest.

Entramos a la aledaña Biblioteca Universitaria. La joven de  recepción y la bibliotecaria que nos guió por la bella biblioteca fueron de una gentileza extraordinaria, lo cual es   impresionante para alguien que vive en París.

En cuanto tenga un rato disponible te seguiré contando sobre nuestro último viaje a la espléndida Budapest.

Un gran abrazo desde la Vieja Europa,

Félix José Hernández.

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