Desde México, sobre “Nuestros años verde olivo”

Foto del Manuscrito y ediciones de la novela publicada por Ampuero en su pagina de facebook

Reseña de una novela

 

Por Mario Rivera Ortiz  

Alguien muy cercano a mí me comentó que estaba leyendo un testimonio autobiográfico de un escritor chileno, que respondía al nombre de Roberto Ampuero y que se titulaba, Nuestros años verde olivo, (Edit. La otra orilla, 2010). Yo le dije, “Cuando termines de leerlo, préstamelo”, y así sucedió. A los pocos días recibí el libro de 456 páginas.

Ampuero, antes del 11 de septiembre de 1973 estudiaba antropología social y literatura hispanoamericana en la Universidad de Chile, y a su decir, portaba carné de la Juventud Comunista desde 1967, no por una necesidad política ni instinto de clase alguno, sino, como él dice, sólo por un ímpetu juvenil sicologista. Sus objetivos en la vida eran modestos: vivir en democracia, estudiar en una universidad dirigida por civiles y disfrutar la juventud en una atmósfera tolerante. Nada de ello era posible entonces en Chile.

Ampuero se presenta ante  sus lectores como un joven que sale de su país en 1974, para salvar la vida del genocidio pinochetista, buscando refugio en la extinta República Democrática Alemana primero, y después en Cuba socialista, donde para su desgracia no encontró lo que él deseaba: un mundo sin prohibiciones donde reinaran la abundancia, la prosperidad, la libertad. Al escritor y protagonista de la obra, le dolía en el alma no encontrar cafeterías de 24 Hrs., tiendas y librerías surtidas de jeans pata de elefante, zapatos plataforma y novelas anticomunistas; bistrós  dónde cenar con los amigos y sobre todo, en Cuba, toparse con las molestias que ocasionaban el uso de la tarjeta de abastecimientos y las colas que había que formar a las puertas de las bodegas y carnicerías y, por supuesto, no viajar libremente por el mundo con el dinero de papá y mamá.

Nunca entendió Ampuero que las colas en la bodegas y carnicerías eran con el fin de lograr una distribución equitativa en un socialismo de “pan y cebolla” y que ahí no era posible como en Chile o en México, adquirir sin formarse, raciones nerónicas de rosbif y chuletas de importación para los expropiadores o incluso para los sectores obreros aburguesados,  puesto que del consumo de tales mercancías estaban excluidos centenares de miles de productores. Pero eso no tenía ninguna importancia para Ampuero que estaba habituado y en el fondo amaba esa fría lógica “natural” clasista del capitalismo.

Su incomprensión sobre el origen de todas esas dificultades que se vivían en Cuba por los años setenta fue tal que se convirtieron para el joven estudiante chileno en el único contenido real de la Revolución Cubana. Para nada llamó su atención, ni lo menciona en su libro, que desde el triunfo de la revolución los niños y los ancianos cubanos tenían aseguradas la leche y las vacunas y para la totalidad del pueblo, el Estado nacional independiente, el alfabeto, la universidad y la salud.

El raciocinio de Ampuero también fue reacio a entender nada sobre el internacionalismo proletario, en los casos de la URSS-Cuba y Cuba-Angola y otros países africanos.

El libro de Ampuero prueba que los estudios que hizo en Alemania y en Cuba sobre marxismo-leninismo, no dejaron huella en su cerebro, así como para que pudiera enjuiciar las revoluciones socialistas del siglo XX con un criterio científico, pero eso sí, sus lecturas ex cátedra y su instinto pequeñoburgués, lo llevaron a encartar al marxismo leninismo dentro de la lista de teorías dudosas y a reconciliarse de corazón con la miserable oferta política global de la burguesía al término de sus revoluciones: elecciones periódicas, pluripartidismo, parlamento, individualismo antiautoritario,  derechos humanos con genocidio, prensa liberal, promoción del pansexualismo, enajenación del proletariado y aplastamiento violento de cualquier acción revolucionaria proveniente de la lucha de clases.

Las relaciones amorosas y políticas de  Alberto Ampuero y Margarita Cienfuegos, son el principal hilo conductor de la narración que comentamos, desde que se iniciaron en Leipzig, Alemania, 1974, hasta después de su “apaciguamiento” en La Habana: primero se desvaneció la tierna pasión juvenil encendida en el internado de la Karl Marx Universitât, luego enmudecieron los diálogos impregnados de proyectos comunes…Poco más tarde una desconfianza política bilateral y, finalmente una creciente antipatía e inapetencia corporal mutua. Nada tenían que hacer juntos dos seres como ellos en un país como Cuba.

Ella, la conflictiva comecandela, mantenía y acrecentaba su “obcecada” lealtad a la revolución, mientras que él se descaraba ante sí mismo y ante ella como contrarrevolucionario, al son de una “visión crítica”, fortalecida por la lectura de Erich Fromm, William Burroughs y otros escritores anticomunistas, quienes lo enseñaron a desconfiar para siempre del socialismo; claro, sin deshacerse  todavía del carné rojo que le servía para mucho dentro de Cuba socialista. En el capítulo 35 Margarita Cienfuegos concretó las diferencias conyugales, adjudicándole al protagonista el único calificativo exacto al que se había hecho acreedor: ¡gusano! Después, el divorcio. Pero el quiebre conyugal era sólo una escena de un drama mucho más amplio que Ampuero no descubrió: gran parte del proletariado y de la clase media chilenos se habían perdido temporalmente para el socialismo mucho antes de la presidencia de Allende. Quizá sólo una profunda crisis económica los rescataría para la revolución más tarde.

En algunos entremeses narrativos del libro destacan fábulas de espionaje y contrarrevolución en las que el propio Ampuero brilla como personaje central y en ciertos pasajes repetitivos hasta el cansancio, curiosamente, se esfuerza por hacer del comandante revolucionario Ulises Cienfuegos un verdadero mojigato y de Fidel Castro, un  demagogo contumaz. ¡No te mediste che!

Pero ¿acaso nuestra  reseña implica el veto a la crítica de los Estados socialistas o progres y a sus dirigentes? De ninguna manera, No hay que permitir ahora ni nunca que en nuestras narices se consumen errores estratégicos o maniobras diplomáticas y/o policiacas sin denunciarlas inmediatamente, sean quienes sean, él o los autores. No, no censuramos al chileno por criticar algunos aspectos de la situación cubana, sino por sus juicios y propósitos cínicamente pequeñoburgueses y filisteos, propios de un real politiker, capaz sólo de votar por una contrarrevolución democrática. Lo criticamos porque nunca comprendió la necesidad de la dictadura revolucionaria, ni siquiera teniendo a la vista la masacre que estaba consumando en su propio país la contrarrevolución pinochetista; tampoco los imperativos internacionalistas de una revolución socialista. Pero el colmo de la perfidia de Ampuero se descubre cuando trata de igualar la violencia del Estado cubano con la dictadura chilena.

En la despedida de la Juventud Comunista Chilena, Aníbal, dirigente de esa organización, habló a Alberto de la manera más comedida con que puede tratarse a un desertor. Si La Jota y los servicios de seguridad cubanos hubiesen sido más rigurosos Ampuero habría tenido que ir a pasar unas largas vacaciones a las carboneras de Guanacahibe. Por lo demás, cuando hablamos de Cuba, con todos sus errores y defectos, no hay que perder de vista, que pase lo que pase ahí, ya se ha conquistado un nuevo punto de partida del movimiento socialista revolucionario en América Latina de importancia histórico universal.

Cuando terminé de leer la carta-recomendación que suscribe Mario Vargas Llosa, incluida en la edición que examinamos, de un solo golpe de ojo supuse por dónde iba la cosa, pues todo el mundo conoce la trinchera desde la cual el escritor peruano y otros escribas del capitalismo participan en la guerra de clases.

México DF  05.07.11.

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Una respuesta a Desde México, sobre “Nuestros años verde olivo”

  1. Eduardo Contreras dijo:

    ¡Excelente! ¡Por fin alguien le canta las claridades a ese escritorzuelo!

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