Por Montenegro (segunda parte)

Monasterio de Cetnje.

París, 29 de junio de 2011.

Querida Ofelia:

Como te prometí ayer, hoy sigo contándote sobre la semana que pasamos en Montenegro.

Por una carretera entre las montañas, desde donde pudimos apreciar magníficos paisajes, llegamos a Cetinje, en el Macizo de Mont Lovcen. Durante varios siglos esa ciudad fue la capital montenegrina. Recorrimos el Monasterio (1701). En él se imprimieron los primeros libros eclesiásticos en cirílico. Su colección actual es impresionante. Entre las reliquias más importantes se encuentran: la mano derecha de San Juan Bautista, un pedazo de la Cruz de Cristo y los restos de San Pedro de Cetnje.

El Palacio del Rey Nicolás (1867) pudiera ser la residencia de una familia adinerada europea. En él hay una colección de objetos de valor: cuadros, armas, medallas, monedas, libros, muebles, etc., que pertenecieron a la familia real montenegrina. Frente a él se alza un original tótem con las flechas que indican la distancia en kms. a la cual se encuentran los museos más importantes del mundo.

Almorzamos en una taberna del pueblito de Njegusi: jamón ahumado (njeguski prsut) y queso (njeguski sir). En él nació la dinastía Petrovic-Njegos que gobernó el país durante más de dos siglos. Fui al correo que está a sólo unos metros de la taverna, para enviar las tarjetas postales y me sorprendió una enorme foto del mariscal Tito ( 2 metros X 2 metros) que tronaba sobre la pared.

El fiordo de Kotor.

Desde allí se desciende por una carretera de 25 “lazos”, lo que permite observar un paisaje espectacular del fiordo de Kotor.

Kotor ha sido un importante centro político y cultural del Adriático a lo largo de sus dos milenios de historia Sus murallas se edificaron entre el siglo IX y el XVII. Recorriendo sus estrechas callejuelas, uno es sorprendido por la gran riqueza de la ciudad. Hay que pagar dos euros y pasar por una tienda de souvenirs que ocupa todo el amplio portal, para entrar a la catedral prerrománica de San Trifón (1106). Vimos la bella Cruz del Obispo de plata (siglo XV) y el Ciborio de piedra (1362) en lo alto del altar mayor, que es de estilo románico-gótico. A sólo unos metros de la catedral se alza la iglesia católica de San Lucas (1195), decorada con frescos del siglo XII. La ciudad se domina desde la fortaleza medieval situada sobre el Monte Sveti Iván, pero que está dentro del perímetro de las murallas. Al pie de ella se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Salud (siglo XV) y, hay que tener mucha salud y piernas jóvenes para lograr llegar hasta ella por la empinadísima escalera de1350 escalones.

La fortaleza medieval del Monte Sveti Iván y al pie de ella la iglesia de Nuestra Señora de la Salud. Kotor.

Recorrimos la ciudad medieval de Herceg Novi. Fue fundada por el rey bosnio Tvrtko I en 1382. Posee varios castillos y palacios así como jardines y parques en los que abundan palmeras y magnolias. También ha sido llamada La Ciudad de las Escaleras o Castelnovo por los italianos, desde la ocupación hasta la caída de la Serenissima en 1797. Fue ocupada por Rusia, Francia y Austria. Ésta última hasta 1918. Se entra a la ciudad por la Satkula (Torre del Reloj), a la derecha de la cual se alza la tristemente célebre Kanti Kulma (Torre de Sangre), donde los turcos encarcelaban, torturaban y asesinaban a los montenegrinos que luchaban por la Libertad de su Patria.

Hay dos iglesias bellas: la de San Miguel (XIX siglo), construida en el lugar donde se encontraba la Gran Mezquita, y la de San Jerónimo, protector de la ciudad, cubierta de frescos barrocos obra de Perastr, que se salvaron de la demolición de la iglesia precedente.

Iglesia de San Jerónimo, Herceg Novi.

Son curiosos los paneles, que como en Italia aparecen las esquelas de los difuntos junto a otras publicidades. A la entrada de la ciudad, una publicidad de la compañía de apuestas deportivas Río mostraba una reproducción muy especial de la creación del hombre de la Capilla Sixtina del Vaticano.

Otra originalidad de Montenegro es que no tiene moneda nacional. Sólo circulan los euros, que aunque no tienen derecho a imprimirlos, utilizan los que proporcionan el turismo y las exportaciones. ¿Sería una buena idea para el régimen de los hermanos Castro?

Mañana te contaré en una tercera carta el final de nuestras bellas vacaciones montenegrinas.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz con gran cariño,

Félix José Hernández.

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