Esperando la nieve en La Habana

París, 9 de mayo de 2011.

Querida Ofelia,

Acabo de leer en italiano una bellísima novela llena de emoción. Como el protagonista tenía la misma edad que yo el 1° de enero de 1959, me pude identificar con sus aventuras y desventuras en la escuela, su hogar y el barrio. Además que estuve a punto de ser enviado a los EE.UU. por mis padres como el protagonista.

Hay escenas deliciosas como: las relaciones con los curas de la escuela y la noción del pecado mortal en las mentes infantiles, las torturas a ranas y lagartijas, el regalo de cumpleaños al hijo del Rey del Azúcar, el encuentro con el chimpancé. Pero también la humillación de los aduaneros registrando los órganos geniales de los niños en medio de carcajadas, antes de que éstos tomaran el avión rumbo a la Florida.

Carlos tenía ocho años cuando el mundo cambió. Sucedió mientras dormía, y nadie le había consultado. Estaba muy enfadado, pero esto no impidió que el mundo cambiase.

Como hijo de un importante juez, Carlos había tenido hasta ese momento un excelente nivel vida. Un chófer lo llevaba cada día a una escuela católica exclusiva en la que también estudiaban los hijos del presidente Fulgencio Batista . Solícitos empleados se ocupaban en su casa de él y de sus hermanos.

Si no fuera porque su padre creía ser la reencarnación de Luis XVI, y por lo tanto trataba a sus hijos como si fuesen príncipes franceses, todo hubiera sido menos complicado. Se había casado con su madre porque se parecía a María Antonieta. Un día en que reconoció en plena calle en un niño al Delfín de Francia, tomó en el acto la decisión de adoptarlo.

Ernesto, el nuevo hermano, inmediatamente entró a formar parte de la lista de las cosas a las que Carlos tenía miedo: lagartijas, el cuadro de María Teresa de Austria que estaba colgado en la pared del comedor y el candelabro en forma de una mujer sin piernas. A la lista se sumaron también las malas ideas, ya que su hermano Alejandro en la escuela lo había desafiado, acusándolo de tenerlas.

Las revistas eróticas que leían los chóferes que conducían a los niños a la escuela, según los curas, tenían que ver algo con todos esos malos pensamientos que surgían en las mentes infantiles de los alumnos.

Pero aquel día, Luis XVI anunció en su casa que los rebeldes habían ganado y que Batista había escapado de La Habana. No habría ningún lugar seguro para la familia real francesa reencarnada en la nueva Cuba. Carlos fue enviado por sus padres con sus hermanos al exilio en Estados Unidos, para salvarlos del comunismo.

Pero el recuerdo de las aguas color turquesa de su isla natal, sus amigos, su familia, su casa, su barrio, su paraíso perdido, no le abandonará nunca.

Carlos Eire, nació en La Habana en 1950. Salió de Cuba en 1962, junto con otros 14.000 niños que habían sido enviados al exilio como parte de la “Operación Pedro Pan”. Después de vivir en orfanatos en la Florida e Illinois, volvió a abrazar a su madre en 1965. Nunca volvió a ver a su padre, ya que éste murió en 1976 sin haber logrado salir de Cuba. Graduado de la prestigiosa Universidad de Yale, es ahora profesor de historia de las religiones.

“Esta historia posee el reralismo mágico de Gabriel García Márquez”. People.

“Una novela que sabe, como las grandes obras, capturar al lector gracias al extraordinario talento literario”. The New Yorker.

Con esta gran novela Carlos Eire ganó el National Book Award, el más importante premio literario de los EE.UU., el que también ha sido ganado por importantes escritores como: Jonathan Franzen, Susan Sontag, Cormac McCarthy, Philip Roth, Charles Frazier y Don DeLillo.

Mil gracias a Mónica, mi querida sobrina italiana, por este excelente regalo. ¿Existe mejor regalo que un buen libro? No lo creo.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Waiting for Snow in Havana.

Aspetando la neve all’Avana.

Traducción al italiano de Annalisa Carena

Edizione Piemme Spa. Italia. 2008.

475 páginas.

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