Los oscuros y crueles “Acreedores” de August Strindberg

Madrid, 9 de abril de 2011.

Querida Ofelia,

El triángulo formado por Gustavo, Tecla y Adolfo nos cuenta una historia de amor, celos y deseo, también de la deshumanización y la crueldad.

Acreedores es una de las obras más complejas y oscuras del sueco August Strindberg. Tras un argumento relativamente simple, casi de vodevil (un hombre se hace amigo del nuevo marido de su ex mujer para vengarse de ella y le hace dudar de la solidez de su matrimonio) late un torbellino de desordenadas pasiones que hace caminar a sus protagonistas hacia un desenlace fatal. Los responsables de la compañía Si Acaso Teatro lo definen como “un asesinato psicológico a plena luz del día… (que) ni deja huella ni … mancha las manos (del asesino)”.

La dramaturgia de Strindberg, considerada por muchos un antecedente del teatro del absurdo y del teatro de la crueldad, es una dramaturgia desnuda. Toda la acción se reduce al puro conflicto. En un ejercicio de atroz sinceridad, Strindberg despoja sus obras teatrales de todo lo que no es enfrentamiento y dolor. Un alarde de sadismo que el autor, de alguna manera, dirigió masoquistamente contra sí mismo en la vida real.

La existencia de Strindberg no fue fácil, y eso se refleja en su obra. Hijo de un comerciante acomodado que luego se arruinó y una criada que antes de ser su esposa fue su amante, su infancia estuvo marcada por el autoritarismo paterno. Posteriormente, su esquizofrenia le hizo vivir numerosas crisis de manía persecutoria y refugiarse durante largas temporadas en paraísos artificiales. Casado tres veces, feminista primero y misógino después, su obra como autor teatral, narrador y periodista no estuvo exenta de polémica.

Todo ese trasfondo vital subyace a la aparentemente sencilla trama de Acreedores, expresado en una serie de virtuosos diálogos que exploran y desarrollan la situación y los sentimientos hasta el límite de sus posibilidades y consecuencias.

Esta pieza teatral de Si Acaso Teatro Producciones dirigida por Víctor Velasco de Lucas se caracteriza por las numerosas capas de significado que se superponen y que permiten diferentes niveles de lectura a los espectadores. Entre todas ellas, la compañía quiere destacar como “la obra habla de la degradación del individuo en el marco de las relaciones interpersonales. Los personajes, desgarradamente modernos en su confusión, desarrollan una agresividad ciega, una crueldad que nace de su inseguridad y su sentimiento de abandono. Las relaciones personales se tratan con la desalmada objetividad de la contabilidad. Los personajes se esfuerzan por demostrar quién debe a quién y cuánto, en un siniestro debe y haber sentimental.

El Círculo de Bellas Artes acoge con satisfacción este montaje en el primer ciclo de su nuevo sello teatral, Escena Círculo, dedicado a los clásicos del teatro del siglo XX.

Con gran cariño y simpatía desde nuestra querida España,

Félix José Hernández.
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