Adiós a Elizabeth Taylor

París, 11 de abril de 2011.
Querida Ofelia,
Hollywood acaba de perder a su última gran estrella de la época de oro del cine americano. Tenía 79 años, de los cuales sesenta de carrera. Desde su primera película en 1944, a la edad de 12 años, supo cautivar al gran público. Sus ojos de color amatista le dieron una de las miradas más bellas que ojos humanos vieran. Había nacido en el 1932 en Londres y posteriormente se trasladó con su familia a los EE.UU., huyendo de la guerra que destruía Europa.
Su filmografía es muy extensa, pero para mí su papel inolvidable lo interpretó en Gigante (1956) junto a Rock Hudson y James Dean. Otros estiman que fue en De repente en el verano (1959), Cleopatra (cuya interpretación le hizo ganar un millón de dólares en 1963 y donde conoció a Richard Burton), ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (con el que ganó su segundo Oscar en 1966), o Una gata sobre un tejado de zinc caliente (con Paul Newman en 1958). Sus ocho grandes bodas llenaron durante años las páginas de las revistas del corazón. Sus dos matrimonios con el gran actor Richard Burton, o los otros con: el actor Michael Wilding, el ingeniero Michael Todd (que murió en un accidente aéreo en 1958), Eddie Fischer (éste abandonó a Debbie Reynolds por ella), el senador John Warner y el hombre de negocios Larry Fortensky, hicieron correr mucha tinta en la prensa people. Su última supuesta love story la llevó a cabo con Jason Winter, un hombre mucho más joven que ella. Pero la Taylor declaró que era sólo un gran amigo al que amaba con todo su corazón.
En 1991 Liz declaró a la prensa: “el matrimonio es como el menú de los restaurantes, hay que esperar a haber hecho la digestión para saber si se escogió bien”.
Fue una mujer que dio mucho amor, a tal punto que según la prensa, entre los hombres que conquistó se encuentran también: Stanley Donen, Richard Brooks, Montgomery Clift (al cual amó durante todo su vida) y Frank Sinatra.
A partir de la muerte de su gran amigo Rock Hudson a causa del AIDS en 1985, se dedicó de cuerpo y alma a recoger fondos para financiar la lucha contra esa terrible enfermedad.
Según sus declaraciones a la prensa, la muerte en 2009 de su otro gran amigo Michael Jackson, le destrozó el corazón y el alma.
Su generosidad no tenía límites, a tal punto que a pesar de su pasión desmedida por las joyas, vendió su celebérrimo diamante para financiar la construcción de un hospital en Botswana.
A Elizabeth Taylor se recordará como a una de las grandes estrellas del cine de Hollywood del siglo XX, brillante por sus actuaciones, su belleza, su glamour y su gran corazón.
Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,
Félix José Hernández.

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