Madrid celebra el cine americano de los últimos veinte años


Madrid, 28 de febrero de 2011.

Recordada Ofelia:

Desde los años ochenta un grupo cada vez mayor de cineastas ha dedicado buena parte de su producción a buscar nuevos caminos narrativos dentro del cine norteamericano. Caminos alejados del clasicismo de los viejos maestros y del cine comercial. El ciclo Nueva narrativa americana aspira a mostrar una pequeña representación de sus logros y búsquedas en el recorrido de caminos que transitan por la ruptura de la línea argumental, el cuestionamiento de la solidez de los personajes, la violencia y la exploración de los lados más oscuros del ser humano.

El ciclo traerá a la pantalla del Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes hasta el 6 de marzo, a algunos de los cineastas que más prestigio han acumulado en las dos últimas décadas en el panorama del cine independiente norteamericano: David Lynch, Abel Ferrara, Quentin Tarantino, Terry Gilliam, Todd Field, Todd Solonz y Spike Jonze. De su mano, algunas de las películas  más representativas de las últimas dos décadas: de Terciopelo Azul a Cosas que no se Olvidan-Storytelling, pasando por Miedo y asco en Las Vegas o Teniente Corrupto.

Estoy hablando de directores que, sin formar una escuela definida, sí que tienen, como vemos, rasgos e inquietudes comunes. Muchas de ellas se sintetizan en un nombre clave: David Lynch. Sus inquietantes películas de mediados de los ochenta marcaron el camino a toda una nueva generación de cineastas que querían hacer un cine diferente, alejado de los convencionalismos sociales y artísticos que dominaron la época dorada de Hollywood y que entonces, e incluso hoy en día, dominan el cine más comercial.

Blue Velvet (Terciopelo Azul), es la tercera película de un David Lynch que ya había dado muestras de su talento para reflejar lo absurdo de nuestro mundo. En Cabeza borradora había puesto en cuestión la forma canónica de narrar y en El hombre elefante había dado rienda suelta a su gusto por lo bizarro, por mostrar el reverso de la sociedad contando la historia de un tipo deforme que se gana la vida siendo exhibido en ferias. Lynch unió las dos caras de la moneda en Terciopelo azul para narrar la historia de un adolescente que descubre la cara oculta de la vida de una tranquila y provinciana ciudad norteamericana, obsesionándose por igual con un supuesto crimen y con la misteriosa presencia de una inquietante mujer.

El gusto por una violencia sutil o descarnada, pero siempre retorcidamente cruel, está muy presente en los representantes de la nueva narrativa americana. La escala va de las excesivas películas de los italo-norteamericanos Abel Ferrara y Quentin Tarantino a las inconfesables perversiones de los personajes de Todd Solonz, que practican una extensa gama de aficiones poco recomendables: pedofilia, pornografía, suicidio…

La influencia de Tarantino es, para bien o para mal, una de las más reconocibles en gran parte de las producciones supuestamente independientes de los últimos años. Su personalidad excesiva tiende a salir a la luz siempre. Tanto cuando actúa como cuando produce, es guionista o simple animador de proyectos y productos de colegas cineastas. Una de sus contribuciones más fundamentales tal vez haya sido la fragmentación de la narración. Muchas de sus películas son verdaderos puzzles que sólo se pueden ensamblar completamente a partir de la última escena como comprobamos en la magistral y aclamada Pulp Fiction.

El ensayo de estructuras narrativas con diversos mecanismos de freno y marcha atrás (y adelante) está muy presente en la nueva narrativa. A veces, combinada de manera extraordinariamente atrevida con potentes metáforas visuales. Éste es el caso de Spike Jonze, un director de vídeo clips que debutó en el cine en 1999 con la muy personal Cómo ser John Malkovich. Tras el paréntesis de la sólo en parte más convencional Tres reyes, una comedia negrísima sobre la guerra del Golfo, Jonze y su guionista de cabecera Charlie Kaufman se interrogaron por el proceso creativo y produjeron una de las películas más deconstructivistas de las últimas décadas: El ladrón de orquídeas-Adaptation, una verdadera indagación acerca del proceso creativo y de la identidad del creador.

Más allá de la casuística de cada cineasta y película, el nuevo ciclo del Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes permite repasar hallazgos y búsquedas de la cinematografía americana de los últimos años. Sin duda, algunas de las innovaciones reales o supuestas de los últimos años serán pasajeras. Otras se quedarán en meros intentos de ampliar los límites de expresión del cine. Todas ellas, en cualquier caso, merecen ser revisitadas.

CICLO NUEVOS NARRADORES AMERICANOS:

-TERCIOPELO AZUL (Blue Velvet). David Lynch, EE.UU., 1986, 120’, VOSE

-TENIENTE CORRUPTO (Bad Lieutenant). Abel Ferrara, EE.UU., 1992, 96’, VOSE

-JACKIE BROWN. Quentin Tarantino, EE.UU., 1997, 154’, VOSE

-MIEDO Y ASCO EN LAS VEGAS (Fear And Loathing in Las Vegas).

-Terry Gilliam, EE.UU., 1998, 118’, VOSE

-EN LA HABITACIÓN (In The Bedroom). Todd Field, EE.UU., 2001, 130’, VOSE

-COSAS QUE NO SE OLVIDAN – STORYTELLING (Storytelling).

Todd Solonz, EE.UU., 2001, 87’, VOSE

-EL LADRÓN DE ORQUÍDEAS – ADAPTATION (Adaptation).

Spike Jonze, EE.UU., 2002, 114’, VOSE

Un gran abrazo desde esta capital de nuestra querida España, en donde estoy pasando una semana de gran enriquecimiento cultural y… “cargando mis pilas” hispánicas.

Félix José Hernández.

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