Reseña de la trilogía de novela de Stieg Larsson

Libros de del sueco Stieg Larsson en una librería de Coral Gable en Miami. Foto: Carlos M. Estefanía

I/II

Por la libertad de Julian Assange, fundador del portal Wikileaks

Méx, DF, 26. 02.11.                                       Mario Rivera Ortiz

La trilogía de novela de Stieg Larsson está compuesta por 3 títulos: Los hombres que no aman a las mujeres, La chica que soñaba con un cerillo y un galón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, desplegados a lo largo de 2268 páginas, que para leerlas hay que echarle ganas y luchar para memorizar nombres compuestos de letras consonantes impronunciables o áfonas.

La primera parte de la trilogía empieza narrando la desigual lucha del periodista Mikael Blomkvist contra el imperio del financiero Hans-Erik Wennerström, quien fue acusado públicamente por la revista Millennium de la comisión de algunas actividades delictuosas en la Banca sueca y europea. El segundo hilo temático de la trama novelística del primer tomo se relaciona con la desaparición de Harriet Vanger, sobrina del magnate sueco nominado Henrik Vanger.

La tercera hebra de la trama fue un subproducto de la investigación realizada para localizar a Harriet y se refiere al descubrimiento “casual” de Martin Vanger, hermano de Henrik, y quien resultó un degenerado sexual que pervirtió a su hija y a su hijo, del mismo nombre. Además un asesinó en serie de nunca se supo cuantas (os) emigrantes de Europa central sacrificó en sus prácticas sádico-masoquistas.

En el texto ágil y ameno de Stieg se despliega la narración de una investigación acuciosa y extraordinariamente inteligente destinada a desenmascarar al financiero Wennerström y a descubrir el escondite de Harriet Vanger. Al final del tomo, Maikel Blomkvist y Lisbeth Salander enfrentan al degenerado Martin Vanger y lo derrotan en una batalla campal física, hasta que lo orillan al suicidio…Pero no lo denuncian por razones “humanitarias”.

El segundo volumen contiene una madeja de historias cuyo eje central es la prostitución y el tráfico de muchachas que son “contratadas” en el Este de Europa para “trabajar” en Suecia, en realidad para abastecer el amplio mercado de carne humana de la decadente burguesía monárquica sueca. En este marco, en el curso del texto, va emergiendo un personaje siniestro, desertor de la GPU soviética, jefe de la mafia criminal y manager del negocio de los puteros, quien, además, por mera casualidad resulta ser padre biológico de Lisbeth Salander. Responde al nombre  de Alexander Zalachenko.

Se entreteje con lo anterior, la singular narración de Stieg sobre las relaciones psicopatológicas de odio mutuo extremo, entre Lisbeth Salander y su padre, Alexander Zalachenko, quienes llevan su rivalidad hasta la muerte.

En esta parte de la obra, se descubren los nexos estrechos que vinculan entre sí a la mafia del marketing, los grandes medios de comunicación, la Policía de Seguridad  de Suecia  (Säpo) y los altos niveles del real aparato judicial sueco, bien representado por el fiscal Richard  Ekström. Claro, sin olvidar a sus asesores en psiquiatría, como el tal Teleborian. De esta manera Zalachenko se trasforma en el pivote de una maraña de operativos delictuosos llevados a cabo por él, en connivencia con el servicio de espionaje mencionado: asesinatos, contrato de sicarios, simulación de suicidios y accidentes, torturas, acoso, maltrato de personas,  utilización de cárceles y experimentos de control mental en manicomios. Todo, supuestamente, por la seguridad de Suecia.

En el tercer libro, el escritor hace una incursión a lo más profundo de la cloaca y descubre un grupo de espías seleccionados por el poder real de la clase gobernante, paradójicamente fuera, encima y formalmente al margen del resto de la policía de seguridad, que Stieg denominó con el eufemístico nombre de “Sección para el Análisis Especial” (SAE), o bien “Club Zalachenko”, en realidad un aparato capaz de tomar las decisiones secretas, de las más secretas, y consumar impunemente operativos criminales de todo tipo. La “Sección” fue la encargada de ejecutar a Zalachenko, de suicidar a  Gunnar Björck y de internar compulsivamente a Lisbeth Salander en la clínica psiquiatrita de Sankt Stefan de Uppsala, así como de “armar” y “orientar”, el enésimo juicio contra ella.

La “Sección” llegó a convertirse así, en el alma efectiva de la democracia sueca realmente existente y la encarnación física de aquel principio que reza “el fin justifica los medios”; en otras palabras, la “Sección” llegó a convertirse en el verdadero poder político del reino, y, contradictoriamente en el instrumento que rompió el pacto antiterrorista, que un día se comprometieron a respetar las fracciones burguesas que compartían el poder estatal sueco.

Fue una necesidad lógica para Stieg, por lo tanto, exponer las bases formales de la democracia sueca amenazada no sólo por el “Club Zalachenko”, sino por una sociedad en deterioro acelerado, para luego tratar de blanquear la realidad. En este punto, Stieg señala que la única base jurídica del régimen es la Ley Fundamental de la Libertad de Expresión (LFLE) acotada por la Ley de la Libertad de Prensa (LLP), misma que establece cuatro prohibiciones básicas: publicar pornografía infantil, describir la violencia sexual, INCITAR A LA REVUELTA y animar a cometer delitos. Tres de tales principios de moralina pura y el otro de orden político y estratégico clasista, enfilado a proteger la estabilidad del sistema monárquico que priva en Suecia.

Pero ¿Cómo trata de lavar la democracia sueca Mikael Bomkvist y sus colaboradores de Millennium? Cuenta Stieg que en el reino de Suecia existe un Departamento de Protección Constitucional que detecta, denuncia  y supuestamente combate las amenazas que tratan de impedir la convivencia cívica y dañar la estabilidad nacional, una cosa semejante a las llamadas comisiones de derechos humanos que se han injertado a los aparatos gubernamentales de América Latina y que sirve para  limpiar la cara de los gobiernos en turno, en realidad, para maldita la cosa.

El Departamento de Protección Constitucional trabaja, también, para usufructuar  esfuerzos que realizan algunos medios de comunicación liberales e “independientes”, para ocultar las fechorías de la policía política (Säpo) y salvar al Estado Sueco, culpando de ellas sólo a reducidos grupos de “malos funcionarios”, cuyos delitos son ignorados por el primer ministro y por el rey. Mikael Blomkvist, es empleado a fondo en esta labor de salvamento de la pureza del Estado y logra concretarla en la teoría de la “conspiración terrorista.”

Habría que añadir, por lo se lee en la novela, que el disfrute ilimitado de todo tipo de actividades sexuales, parece ser el techo de la democracia sueca, libertinaje que harían palidecer de envidia a Sodoma y Gomorra. La trilogía abunda en detalles de este fenómeno que tipifica una situación de putrefacción social avanzada, que involucra a gran parte de  las clases hegemónicas. La clase trabajadora no aparece en ninguna de las 2268 páginas del escrito, sino como un insumo barato de las prácticas sado-masoquistas masivas de sus patrones o a lo sumo en la personalidad del honesto neurocirujano del Hospital de Sahlgrenska, Anders Jonasson.

La trilogía de Stieg Larsson nos ofrece, pues, además de su amenidad literaria y el estresante suspenso narrativo valiosas enseñanzas de la cuales adelantamos las siguientes:

Muestra con refinada abundancia de detalles, la estructura íntima de la Säpo y ciertas formas clásicas y universales del modus operandi de todas las agencias de espionaje, Säpo, Europol, CIA, FBI, Interpol, etc.

Brinda elementos prácticos para que la multitud, que sufre constantes agravios a su soberanía por parte de los servicios secretos de la policía política, se defienda de ellos utilizando algunos de sus métodos e instrumentos tecnológicos de inteligencia.

Despliega ante el lector tota la parafernalia de las comunicaciones más sofisticadas y la lucha de clases que se da actualmente en el mundo digital, entre los poderes tradicionales y la multitud, para obtener y defender la hegemonía en el campo de las comunicaciones, el ejemplo de ello, Stieg, lo da en la Hacker Rep.

Ratifica el valor de la discreción y la contra-información en todo lo que concierne a la vida de las personas o grupos que ejercen alguna actividad política. No existe ningún dato sobre la vida de tales individuos o conjuntos, que sea despreciable para los servicios de espionaje y sus violentas células operativas.

Presenta el valor que tienen los medios de comunicación democráticos e “independientes”, de corte liberal progresista, como la revista  Millennium de Estocolmo, para preservar los derechos constitucionales, pero al mismo tiempo, sus limitaciones y dependencia a la clase social madre de todos los demócratas: La burguesía, monárquica o republicana. En el caso del sádico criminal Martin Vanger y en el descubrimiento de un grupo de “malos” policías dentro de la Säpo, el novelista ejemplifica la dualidad política y moral de estos medios de comunicación.

Por lo tanto, sin decirlo explícitamente, Stieg Larsson despierta y estimula la necesidad de impulsar la creación de una literatura y una red digital propias de la gran multitud y de nadie más.

Claro, estamos hablando de una novela, pero…

 

 

 

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