El Milagro de la Virgen del Cobre en el Bautizo del fabulario de Amelia Doval

Foto del Milagro en el Bautizo del libro de Amelia Doval. De izquierda a derecha se observan el pintor Rubén Santos, la escritora Amelia Doval, José Martel, y el poeta y bloguero Josán Caballero. Fotógrafo Realtor Estrella Durán..

Por José Antonio Gutiérrez Caballero.
Siempre he pensado que la literatura constituye una de las manifestaciones creativas más sublimes del arte, sobre todo, cuando el escritor se entrega y expande hacia un universo parabólico sin precedentes, a partir de su realidad más inmediata, que en última instancia es reflejada, por sobre la tendencia expresiva y cosmovisión autoral, dejando entrever “ideologemas” que adelantan, simbólicamente, el entorno del que sobresalen, como un correlato de aguda sencillez, tal cual ocurre, en El carcelero y la hormiga, libro constituido por cinco relatos de la narradora y periodista Amelia María Doval, quien, el pasado sábado 12 de febrero, bautizó la “edición princesa” de su formidable fabulario para adultos, cuya presentación tuvo lugar, en el Centro de Arte Cuba Ocho, dentro del marco del Segundo Encuentro de la Comunidad de Comunicadores de Iberoamérica (COMUNICASIBER), donde funge como Presidenta esta destacada filóloga cubana, junto a otros miembros de su junta directiva, que también participaron de padrinos, en el acto de lanzamiento.
Con la presencia de un nutrido grupo de colegas y representantes del medio periodístico en Miami, se dio paso a la actividad, que contó con un panel de escritores y artistas, integrado por la propia Amelia, el maestro de la comunicación, José Lázaro Martel (anterior presidente de la antigua LAGRAFA, actual COMUNICASIBER); el joven pintor Rubén Santos –con una muestra de sus cuadros, entre los que se encontraba uno inspirado, expresamente, en el texto central del libro escrito por la Doval—; junto al poeta y editor José Antonio Gutiérrez Caballero, que fue el maestro de ceremonia, el cual adelantó un emotivo texto, que sorprendió a todos, titulado “Espejo de una niña eterna “, al igual que el arreglo floral, que le enviara el periodista y bloguero Juan Carlos León, que la experimentada escritora nombró, como uno de sus “ángeles guardianes”, al lado de Josán Caballero, el mismo Santos y el consagrado Martel, quien dio claras señas de amistad y regocijo, por haber asistido a la plenitud del arte literario de Amelia, considerada, por él y otros muchos, “la Yoani Sánchez de Miami”, en alusión directa a las semejanzas de ambas, en cuanto a vigor y fluidez narrativa, a la hora de tratar, respectivamente,  temáticas, formas y géneros periodísticos, con una proyección y estilo personales.
Por su parte, Amelia leyó una breve crónica poética, en donde manifestaba, que su propuesta significaba “Una fábula ideal para mantener vivas las esperanzas”, en donde, por supuesto, aludía no sólo a la amistad y el amor, en fecha tan cercana al Día de San Valentín, sino también al alcance traslaticio y parabólico del texto central de su libro, “El Carcelero y la Hormiga”, cuyo mensaje tiene profundas connotaciones concientizadoras y libertarias, relacionadas con la situación de su patria entrañable, pero, igualmente, tomando el ejemplo, actualísimo, de la rebelión pacífica del pueblo egipcio, que está despuntando, cual revolución ecuménica, para ciertos países, con regímenes totalitarios, tales como Cuba, Irán, Argelia y Venezuela, entre otros.
Antes del brindis se dio paso al bautizo, en sí mismo, en donde fueron seleccionados, impremeditadamente, ocho personas de los asistentes esa noche (entre los que se encontraba Amelia Hernández, la mamá de Amelia; Osvaldo Oliva, un amigo de adolescencia, que ella recuperó, gracias a las redes sociales, así como el caricaturista Arístide, y Roberto Ramos, Presidente de Cuba Ocho), para que actuaran de padrinos del lanzamiento, que resultó uno de los momentos más sobresalientes e impactantes del encuentro, por cuanto cada uno tomaría el ejemplar seleccionado por una punta, mientras Rubén Santos abría la botella de Champagne, y se la entregaba a Josán Caballero, para que derramara unos sorbos del líquido en la primera página de El Carcelero y la Hormiga, elegida previamente por Amelia, que a su vez entregaba las copas servidas del espiritual licor, para efectuar el consabido brindis de bienvenida de su obra al panorama de las letras cubanas, en el exilio, frente a todos los presentes, que al unísono aplaudieron, por tan emotivo instante de consagración creactiva.
Luego de escuchar la magnífica voz atenorada del versátil artista Rubén Santos, pasamos a la firma de libros, seguido por un pequeño brindis, junto a las fotos familiares y sociales, a cargo de varios reporteros y periodistas del UCP y delCNPe, además del Semanario Libre, el quincenario Recorriendo América News, Radio Miami Internacional y la Revista Brujular de Miami, pero lo más insólito ocurrió, sin darnos cuenta, cuando la fotógrafo realtor Estrella Durán, que se desempeñaba, en su rol de “mujer de muchos sombreros”, como ella misma se autonombra, más que de fotorreportera, tomó algunas instantáneas del redimensionado evento.
Todos sentimos una arrolladora y contagiante energía, que nos llevó a abrazarnos y besarnos, casi por arte de magia, mientras conversábamos y mencionábamos a diferentes santos católicos, sincretizados con los yorubas afrocubanos, que sentíamos energéticamente dentro del lugar. Simplemente pensamos que se debía al hecho de un trío metálico, de negritos rumberos, que permanecían detrás de nosotros, en el mismo escenario, del cual nos percatamos desde un comienzo, pero decidimos dejar allí mismo, como sugerente escenografía de cubanidad, por nuestra entrañable cultura tradicional popular, junto a los numerosos cuadros alegóricos a la Virgen de la Caridad del Cobre, dispersos por la sala de Cuba Ocho, sin embargo, cuando recibimos las fotos, hay una, en especial, tomada por Estrella, que nos ha llamado tremendamente la atención, en donde, si estudiamos los gestos de cada uno de los que se encuentran, sentados a la mesa de ceremonia, son exactamente iguales y recurrentes a los de esos negritos, músicos de escenografía, que estaban detrás, igual que los Juanes de la Virgen mariana (nombre segundo alegórico de Amelia María, la autora homenajeada, con sus tres ángeles guardianes), que si miramos, detenidamente, en esa luz proyectada al centro, brillante y azulosa, ante la insigne madera, es justamente una imagen de la prodigiosa Cachita del Cobre, nuestra Ochún milagrosa, que nos acompañaba y festejaba, con sus tres escoltas, por siempre animosos, vivitos y tocándonos espiritualmente, desde su dimensión reconocida, cual un evento de espiritismo paranormal.

De derecha a izquierda, Roberto Ramos, Rubén Santos, José Martel, Madre de Amelia, Amelia Doval, Arístide, amigo de Amelia y Josán Caballero. Foto Estrella Durán

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3 respuestas a El Milagro de la Virgen del Cobre en el Bautizo del fabulario de Amelia Doval

  1. Gracias enormes, amigo y estimado Carlos, por la manera sensible y creativa de incluir este artículo memorable, en tu revista de blogs, de características únicas, en el panorama de nuestra blogosfera cubana universal. Un gran saludo por la entrega y los aportes que hace tu fundación a la cultura cubana y mundial, en general. Saludos y abrazos, Josán Caballero.

  2. Estrella Duran dijo:

    Escribes muy lindo te felicito

  3. Por nada, amiga Estrella, y tú eres una gran fotógrafo, además de espiritualista. Gracias por tu amistad. Saludos a todos, Josán Caballero.

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