SI MI PAÍS FUERA UN PUEBLO

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Aguada, pueblo cubano. Foto: Alberto Hernández

Poema en prosa

“¿Qué queda de la sombra del cubano,

que tomaba las calles, protestando?”

Josán Caballero.

 

Si mi país fuera un pueblo, y no polis de andamiaje, por la casta de un gobierno, que nos trata cual salvajes “cubanillos de Indias”: Traje impuesto por dos castrenses, con disfraz de eternos pajes, que merecen ser castrados de una vez, por su “artistaje”, en contra de todo un pueblo, sumido en el magno ultraje de entender que sus derechos son un cruel libertinaje, cuando impedir libertades es signo de un vil encaje tramado por dos hermanos, sobre el mal de sus herrajes.

Si mi pueblo fuera el de antes, negado por ser colonia, a la corona de un reino, que lo trató cual gorgonia, pensando que así era dueño de las tierras de Amazonia. Bayamo fue el pueblo de antes, acorazado en la historia, pues un Don quiso adueñarse de esta ciudad promisoria, y sólo encontró quemados los restos de su memoria, cuando el pueblo de Bayamo entró, con fuego, en la gloria de un país que no transige, ni soporta escapatoria, hasta que él mismo se libre de esa infamia perentoria, sin los yugos del que rige, con virtud de la etnia doria, la mentira y la irrisoria majestad de los vencidos, no por demos u oratoria, sino por quebranto insano de las leyes y la historia.

Si mi pueblo fuera ése, que cual bayamés jinete, decidió darle a la calle, la defensa de un birrete, para ganarse la patria, con el filo del machete, entre afanes de república, como la sueña un majete, no un barbudo inteligente, que en verdad era un zoquete, inventándose estrategias, hasta entrar por el boquete de este infierno, que ha creado para el pueblo, su banquete imponiendo armas, reveses, y la voz que le compete, ante presos inocentes, en medio de ese gran brete, que han armado con la iglesia y con los “españoletes”, como si el mundo ignorara, que en realidad un vejete se ha encargado de enchufarse en la tierra del “Chavete”, para ganar la partida, en dos pueblos, de los siete que le siguen la corriente, cual si fuera un mozalbete, y no este líder vetusto, que ni lo aguanta El Templete, con su grandeza en delirium y los miedos al retrete, viendo jóvenes que callan, si les llega algún “billete”, en mesadas que resbalan, sobre sueños al garete, de una isla que hoy ensaya sus papeles con grillete, porque nadie se da cuenta que si acepta, arma el bufete de una casta de bandidos, que usa al pueblo de soplete, convirtiéndolo en su carne de cañón, y hasta jarrete. No hay quien aguante sus “turbas”, que si protestan, se meten, tras máscaras de comunes seres que dan su cachete, para defender injustos repudios de majarete. Pero basta de trifulcas, que dividen a la gente, mientras un pueblo se pierde, y lo disfruta el vejete, con su claque omnipresente, que escucha a regañadientes y desfila incompetente, aunque su mente no siente, lo que el corazón presiente de esa nueva “Triple Entente”.

Si mi pueblo fuera egipcio, y devolviera a las calles la virtud de tanta gente, que ha donado nuestro valle a las ciudades regentes, como sembraron los mares otros exilios vigentes, para que Cuba, en detalle, fuera más que una isla ardiente (que la busque, quien la halle): Un eterno precipicio, que apresa a todo el que raye estas crueldades de oficio, que nos llevan al desmaye, que trata cual indigente al cubano de la calle, y hasta como un delincuente al que censura su talle, pues no hay pueblo, que ya aguante tantas vilezas, y calle.

Si ese pueblo fuera el nuestro, junto al egipcio, quién sabe, o cualquier otro que viera su democracia en un ave, la libertad estuviera, no en las boinas, ni el casabe, celulares o vidrieras, pues algunos, aunque acaben de allanarse las fronteras, se distraen, mas no saben que otros usan sus maneras, para ayudar a cualquiera terminar con el deslave, de la Intranet hacia afuera. Puede que la infamia acabe, donde el derecho es bandera o virtud de un hombre libre, para que nadie asumiera salirse al mar, sin que vibre su esperanza, cual quimera de una vida sin calibre.

Si mi país fuera pueblo, y no simple adormidera, comprendería que aquellos que le tomaron el pelo o sumido en atropellos, no serán jamás los dueños, y hay que lanzarse a degüello, por las calles o los cerros, para terminar con ellos, y con su inútil gobierno, de tentempiés y tipejos,
aplaudiendo todo el tiempo, a esta cófrade de abuelos, que pretenden ser remedio de un país… ¡Qué sacrilegio!

Si mi pueblo fuera pueblo sería más que un mambí, rebelde distinto a ellos; por las calles, un jiquí, que se lanza sin resuello, a la manigua de aquí o la de allá. No hay destello mayor, cuando un pueblo asume su destino, como un sello de libertad, que resume conquistas sin atropellos.

Si mi pueblo fuera pueblo el país sería calibre de las leyes de un gobierno democrático, en que vibren las calles, que son las venas, donde exhibe el hombre libre su alma de caña y jengibre.

Vamos, pueblo, no más miedo, desde oriente hasta occidente: Desobediencia es el ruedo del futuro presidente. De ahí pa’ allá no hay más pueblo, que lo diga nuestra gente. Con esos dos no hay arreglo, hay que tenerlo presente: Si no espantamos los miedos y tomamos nuestro suelo, nos tendrán de penitentes, mientras se reparten ellos la isla y cayos adyacentes. Es hora de unir el cielo, con las manos de la gente, y lanzarnos a la calle cual un país, de repente, con

las damas que batallen, ante injurias prepotentes, y los jóvenes no acallen la represión tan creciente, para que rápido estallen las mentiras más candentes, cuando el desgobierno halle, que se va por la pendiente de una isla y un Versalles: Dos Cubas yendo al poniente, desunidas por detalles de otro mal intransigente, que comulgan en un valle, donde nunca estuvo ausente un espíritu que raye, sobre la tierra indulgente, que ama al pueblo por las calles, con la patria, en su saliente humanidad. ¡Que no encallen los derechos de su gente, su libertad al detalle!

Si mi pueblo hace presente, como el egipcio, en sus calles, yo me iría diligente, para que nadie nos calle: Somos plebe intransigente colmando el mar y los valles de una sangre competente, inmerecida que encalle, en la plaza omnipotente del tirano. ¡Que restalle sobre esa casta muriente, nueva savia prominente, y que los Castros estallen, como aquel “maleconazo”, que por poco rompe el mazo de esa trama dirigente, ante un pueblo convincente, cansado de ser un ente, sin futuro ni presente!

José Antonio Gutiérrez Caballero

(JOSAN CABALLERO)

Miami, 04 de febrero del 2011.

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Una respuesta a SI MI PAÍS FUERA UN PUEBLO

  1. Tan agradecido contigo, amigo Carlos, no sólo por la inclusión de mis textos, en tu vital sitio web, sino porque eres un hombre de letras y un entusiasta de la cibernética, además de que propicias el encuentro de la cubanidad y las edades, en todo su esplendor. Saludos y abrazos, Josán Caballero.

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