Nuestras raíces árabes

http://pcpisalesianosutrera.files.wordpress.com/2010/01/alhambra-festung-park-granada-peter-doeberl1.jpg 

Alhambra, Granada,

Por Isaac Bigio

Hoy, cuando el mundo vive pendiente de los sucesos en los países árabes, es bueno recordar la gran herencia que estos pueblos han dejado sobre los hispanos.
Si bien el español y el portugués son las lenguas más habladas derivadas del latín, el idioma vivo que más ha influido en ambos ha sido el árabe. El latín, que hoy carece de hablantes nativos, fue hablado en Iberia desde alrededor de 200 AC hasta 400 años DC.
Sin embargo, antes y después de la conquista romana, en esa península se asentaron varios pueblos de lenguas semitas emparentadas o afluentes del árabe. Antes de Roma estuvieron fenicios y cartaginenses y después de 2 a 3 siglos de que los godos germánicos echaran a los romanos de Iberia, esta península pasó a conocer 8 siglos de reinos árabes.
Los moros crearon la primera gran civilización nativa de España. Los cristianos que eran tolerados por el Islam se arabizaron haciendo que ellos hayan sido el único pueblo de lengua latina que haya escrito su idioma en alfabeto árabe y no latino (y, además, con un 40% de sus palabras importadas del oriente).
Si bien la reconquista católica proscribió al árabe y extirpó a todos los musulmanes y judíos, el árabe ha impregnado al español y al portugués mucho más que otras lenguas nativas de Iberia (como celtas o vascos), que las que trajeron los germánicos, que las que se inter-relacionaron con ésta (como las de los incas, aztecas, africanos o asiáticos) o que el inglés (que hoy se escucha en gran parte de los colegios, películas y series de TV).
Es más, el castellano del sur de España se diferencia del norte, así como el portugués del gallego y el valenciano del catalán, en parte debido a que los dialectos meridionales mantuvieron una mayor influencia mora.
Hoy hay más de un millar de palabras claves del español que son de raíz árabe, las mismas que hablamos u oímos cientos de veces al día.
Colocaremos una selección de éstas empezando con palabras que nunca faltan en una conversación como ‘hasta’ o ‘he’, (aunque algunos creen que también deberían incluir a ‘usted’ o ’el’). Cientos de vocablos castellanos que empiezan con ‘al’ (‘él’ o ‘la’ en árabe) comparten ese mismo origen.
Palabras de raíz árabe son lugares donde vivimos como ‘aldeas’ o ‘barrios’; de quienes han construidos nuestras viviendas (‘albañiles’) o varios de sus utensilios de ‘adobe’ (‘alfareros’); de varias de las cosas o materiales que componen éstas como ‘alacena’, ‘alcantarilla’, ‘alfombra’, ‘azotea’, ‘alambique’, ‘alcoba’, ‘almohada’, ‘alquitrán’, ‘adoquines’, ‘banca’, ‘baño’, ‘diván’, ‘laca’, ’latón’, ‘tabique’, ‘enchufes’ o ‘zaguán’, o diversos implementos que usamos en ésta como ‘baldes’, ‘jarras’ o ‘tazas’.
Cuando todos los días ‘almorzamos’ debemos recordar que ese vocablo, al igual que el del ‘aceite’ con el que se cocina y de otras cosas que comemos, son de raíz árabe: ‘aceituna’, ‘acelga’, ‘ajonjolí’ ‘albóndiga’, ‘alcahuete’, ‘alcachofa’, ‘alfajor’, ‘alfalfa’, ‘algarrobo’, ‘azafrán’, ‘bellota’, ‘espinaca’, ‘gazpacho’, ‘sandía’ o ‘zanahoria’. Lo mismo acontece con 3 acompañantes de numerosos platos: ‘arroz’, ‘fideo’ y ‘mazorca’.
Este último es un producto mesoamericano que llegó a España después de que de allí habían sido expulsados los moros. No obstante, se le bautizó con un vocablo de dicha raíz al igual que otras cosas típicas de las Américas como ‘guacamayo’, ‘cerbatana’ o ‘calabaza’.

El Cebiche y otras herencias árabes

El cebiche es un potaje tradicional de muchos pueblos americanos en toda la costa que va de México a Chile y también en el Caribe. Este es similar a otras formas de preparar el pescado crudo como las que tienen otras partes del Pacífico como la Polinesia, Filipinas o Japón. No obstante, éste solo pudo haberse desarrollado como tal con la incorporación de los cítricos que trajeron los conquistadores (los cuales todos tienen nombres provenientes del árabe: ‘lima’, ‘limón, ‘naranja’ o ‘toronja’, al igual que el ‘zumo’ que éstas producen). Si bien los antiguos americanos pudieron haber combinado frutos de mar al natural con ajíes, verduras o frutas, el vocablo ‘cebiche’ (como también ‘escabeche’) deriva del árabe y de una forma que tenían las moriscas andaluzas de preparar un plato de carnes avinagradas.
Y cuando tomamos ‘café’ o ‘limonada’ sepamos que estas palabras, al igual que el ‘azúcar’ con que los endulzamos, provienen del árabe.
Si queremos acompañar éstos con juegos de mesa recordemos que varios de ellos (como damas, back gamón y ajedrez) nacieron en el medio oriente. El nombre de este último, además de ‘alfil’, ‘azar’, ‘jaque’, ‘mate’ y ‘dados’, son de origen árabe.
Si bien los musulmanes prohíben el licor, del árabe provienen: ‘alcohol’, ‘alborotar’, ‘chupa’ y ‘mamarracho’.
De esta misma lengua llegaron al castellano los nombres de varios instrumentos musicales como ‘guitarra’, ‘matraca’ o ‘tambor’.
Cuando vamos de ‘safari’ es útil saber que ese nombre, al igual que el de muchos animales, proviene del árabe: ‘albatros’, ‘atún’, ‘bagre’, ‘gacela’, jabalí’, ‘jirafa’ o ‘marrano’.
De este idioma nacen vocablos asociados con cosas que no son tan placenteras como ‘asesino’, ‘ataque’, ‘ataúd’, ’azote’, ‘lacre’, ‘macabro’, ‘mate’, ‘mezquino’, ‘momia’, ‘rehén’, ’robo’ o ‘zarandear’, o que sí producen satisfacciones como ‘algarabía’, ‘hazaña’, ‘mulatas’ o ‘alhajas’ hechas de ‘ámbar’, ‘carmesí’, ‘lapislázuli’ o ‘nácar’.
El mismo origen lo tienen los nombres de los colores ‘azul’ o ‘turquí’; de autoridades como ‘alcalde’, ‘alcaide’, ‘aduana’, ‘adalid’, ‘alguacil’ o ‘almirante’, de reductos armados como ‘alcázar’, ‘arsenal’ o ‘mazmorra’; de vocablos que tienen que ver con mediciones, números o finanzas como ‘álgebra’, ‘algoritmo’, ‘alcancía’, ‘arancel’, ‘bazar’, ‘cero’, ‘cifras’, ‘cenit’, ‘guarismo’ o ‘quintal’; del ‘algodón’ con el que se pueden hacer prendas como el ‘mameluco’ o el ‘mandil’; de la terminación ‘í’ en varios gentilicios (‘magrebí’, ’yemení, ‘marbellí’, etc.) y de una variedad más de palabras tales como ‘abismal’, ‘achacar’, ‘acequia’, ‘ademán’, ‘afán’, ‘ajuar’, ‘alquimia’, ‘azucena’, ‘baja’, ‘chuzo’, ‘jaqueca’, ‘jeta’, ‘jinete’, ‘real’, ‘rincón’ o ‘talco’.
Aunque el español sea la primera lengua del catolicismo, hay dos expresiones muy populares suyas en honor a Alá: ‘Ojalá’ y ‘Olé’.
De pueblos islámicos también provienen los nombres originarios de vírgenes como las de Fátima, Almudena o Guadalupe (esta última es la patrona del mayor país hispano y el símbolo de la independencia mexicana).
Y si ‘usted’ cree que lo que se ha escrito es un ‘alarde’, un ‘menjunje’ o un ‘chisme’ hecho por un ‘fulano’, un ‘mequetrefe’ o un ‘mengano’ que es un ‘fanfarrón’ y ‘holgazán’ que no sabe otra cosa más que hablar como ‘loco’, tenga la seguridad que todas esas palabras que se han puesto entre comillas las hemos heredado del árabe. ‘¡Olé!’

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s