Por la elegante Torino


Entrada al Palazzo Madama de Turín.

 

 

París, 2 de noviembre de 2010.

 

Mi querida Ofelia,

 

como te prometí ayer, trataré de terminar hoy de contarte la semana que pasamos en la ciudad de Turín en el verano pasado.

 

El Palazzo Madama resume en sí mismo toda la historia de la ciudad de Turín. Pasó de ser puerta romana a fortaleza en la Edad Media; en el siglo XV se convirtió en el castillo de los príncipes de Acaia. Entre los siglos XVII y XVIII se transformó en la residencia de las damas reales de los Saboya. En el siglo XIX Carlo Alberto instaló en este edificio la Pinacoteca Real así como el primer senado del reino, hasta que en 1934 el palacio pasó a ser la sede del Museo Civico d’Arte Antica di Torino.

 

En la Scala delle Forbici (Escalera de las Tijeras), hay un alto relieve que representa  unas tijeras cortando la cabeza de una víbora, símbolo de corte de las malas lenguas que decían que el arquitecto no lograría hacer una escalinata tan bella como deseaban los reyes.

A lo largo de un recorrido dispuesto en orden cronológico a través de cuatro salas, es posible seguir el desarrollo estilístico e iconográfico de la escultura monumental de Piamonte, realizada en piedra desde los siglos XII al XIII. En la sala dos se exhibe el mosaico procedente de la catedral de Acqui. En la Torre de los Tesoros se puede apreciar una selección de objetos preciosos entre los que se encuentra el Tesoro de Desana y algunos ejemplos de arte precolombino.

 

Las salas albergan esculturas, pinturas y objetos preciosos datados entre los siglos XIII y XVI. Teniendo el arte gótico como punto de partida, el recorrido se desarrolla a través del Gótico Internacional y el Renacimiento, proporcionando así un panorama de la cultura piamontesa de las artes figurativas en una extensión temporal de cuatro siglos. En la torre de los Tesoros se encuentran también

algunas de las obras maestras del Museo como el Retrato de Hombre realizado por Antonello da Messina así como los relieves de Giovanni Agostino Busti, conocido como el Bambaia.

 

En los antiguos aposentos de las damas reales están instaladas las colecciones que datan de los siglos XVII y XVIII. Las obras, realizadas por encargo ducal, y de procedencia italiana y extranjera, están organizadas siguiendo un desarrollo tanto cronológico como estilístico. En el salón de baile una selección de elementos decorativos ilustra la riqueza de la ebanistería barroca y en la Torre de los Tesoros se exhibe una selección de objetos que reproducen las cámaras de las maravillas de las familias reales.

 

Dotada de una posición privilegiada con una amplia vista de la ciudad, la primera sala alberga la colección de cerámicas y porcelanas, una de las más importantes de talla. El recorrido de la visita continúa en la sala dedicada a los tejidos. En la última sala se encuentran objetos de marfil, orfebrería, bronces, objetos de cristal soplado veneciano, así como la espléndida colección de cristales pintados y dorados, única en el mundo, donada al museo por el marqués Emanuele Tapparelli d’Azeglio.

En una licorería situada en la Piazza del Castello, fue donde en 1786 un señor de apellido Carpano,  hizo una mezcla de vino blanco con yerbas y especias y así nació el celebérrimo Vermut, que pronto se convertiría en el aperitivo preferido de la Corte de Turín.

Recorrimos varias bellas iglesias, entre las cuales recuerdo muy bien: Il Santuario della Consolata, La Real Iglesia de San Lorenzo y la Iglesia de San Filippo Neri. Esta última es la más grande de la ciudad, fue construida por Guarini en el siglo XVII; a la entrada de cada altar un cartel anuncia: “ alarma conectada.” ¡Por algo será!

 

Altar de la iglesia de San Filippo Neri : « alarma conectada »

.

De la Piazza Carlo Emanuele II, donde funcionó la guillotina durante la ocupación napoleónica, fuimos a la Piazza VittorioVeneto, desde la cual se admira la colina del otro lado del río. Al pie de la misma visitamos la Chiesa de la Gran Madre de Dio. Allí tomamos un taxi para subir a la colina de 284 metros de altura, llamada Monte dei Cappuccini, sobre la cual se alza la Chiesa Santa María al Monte. Desde la puerta de la iglesia se goza de una bella vista de la ciudad. Había una fila de unas cincuenta personas, casi todos hombres entre veinte  y sesenta años,  frente a la puerta del claustro. De pronto las puertas se abrieron y unos monjes comenzaron a distribuir gratuitamente dos bocadillos y un zumo de frutas a cada persona. Cuando salimos de la iglesia pude conversar con uno de los monjes. Él me dijo: “cada día la pobreza aumenta no sólo en esta ciudad sino también en toda Italia. Nosotros tratamos de paliar lo que podamos, dando algo ahora para que almuercen y después a la hora de la cena. También prestamos asistencia médica y damos medicinas gracias a la ayuda de médicos, enfermeras y farmacéuticos, entre otros buenos cristianos que nos ayudan”.

 

Vista de Turín desde Il Monte dei Cappuccini.

Regresamos al centro de la ciudad, a la Piazza San Carlo por la elegante Vía Roma, repleta de tiendas de lujo. En La Piazza se alzan dos iglesias  gemelas de gran belleza: San Carlo y Santa Cristina (su fachada es obra de Juvarra (1678-1736). Al centro de la plaza se encuentra el monumento ecuestre al rey Emanuele Filiberto (obra de Marochetti de 1838). Fue este rey el que venció a los franceses en la Batalla de San Quintín en 1557,  recuperando así  su reino después de veinticinco años de ocupación gala.

 

 

 

Iglesia de Santa Cristina en la Piazza San Carlo de Turín.

Merendamos en el elegantísimo Café San Carlo, que ocupa una esquina de la plaza desde el 1822; es  el café de los artistas e intelectuales, el equivalente del Café Flore de París.

Del otro lado de la plaza se encuentra el no menos elegante Café Torino, fundado en 1903. Sus decoraciones en materiales nobles: mármol, granito, bronce, maderas preciosas y su estilo Liberty, hacen de él un lugar de gran belleza aristocrática. A este café venía a menudo la familia real y a mediados del siglo XX un público de estrellas  de cine  como: Ava Gardner, James Steward y Brigitte Bardot entre muchos. A él fuimos a cenar. Me acordé de ti, pues imaginé como te hubiera gustado estar allí con nosotros.

 

Pastelería del Café Torino. Piazza San Carlo, Turín.

Sólo me queda contarte sobre la visita a la Basílica de Superga. Te prometo que lo haré en cuanto encuentre el tiempo disponible,

Te quiere siempre

Félix José Hernández.

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